Dios, por medio del papa Francisco, en este año de la Misericordia, nos ofrece dos regalos que constituyen verdaderos detalles de amor para la Iglesia en la Argentina y para la Patria misma: la beatificación de la Sierva de Dios María Antonia de la Paz y Figueroa -más conocida como Mama Antula- y la canonización del beato José Gabriel del Rosario Brochero (Cura Brochero).

La beatificación de Mama Antula será celebrada en Santiago del Estero, hoy sábado 27 del corriente, y la canonización del Cura Brochero tendrá lugar en Roma, el domingo 16 de octubre. Ambos acontecimientos constituyen un llamado muy fuerte para que asumamos con entusiasmo lo que san Juan Pablo II llamó ‘el urgente camino pastoral de la santidad”, a la que todos los católicos estamos llamados: ‘Sean santos…” (Mt 5, 48).

María Antonia de la Paz y Figueroa fue una laica nacida en 1730 que, en su Santiago natal, al descubrir el vacío espiritual provocado por la expulsión de los jesuitas en 1767, experimentó el llamado a hacerse cargo de proponer el camino de la santidad mediante los Ejercicios Espirituales. Esto la llevó a convertirse en caminante del Espíritu hasta llegar a Buenos Aires donde fundó la Santa Casa de Ejercicios, que aún se conserva, y a servir a los pobres con heroica dedicación.

José Gabriel del Rosario Brochero fue un sacerdote cordobés que se dio todo por amor a sus fieles, y procuró el servicio a los mismos sin medir esfuerzos y con heroica dedicación, hasta morir enfermo y totalmente entregado al Señor. Hizo de los Ejercicios Espirituales el instrumento de santificación de su parroquia y cargó sobre sus hombros a la persona entera de la que se ocupó ofreciéndole educación y progreso.

Ambos santos tienen una pasión común que los une y que son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, para el único fin de la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas. Cuando el Cura Brochero llega al curato de San Alberto se da cuenta de que con la obra de los Ejercicios Espirituales podría hacer mucho bien y acercar la gente a Dios. De esta manera, recoge la herencia de la madre, y la lleva a las periferias geográficas y existenciales.

Ambos habían hecho los Ejercicios y allí habían escuchado ‘el llamamiento del rey eternal’, habían decidido ‘militar bajo su bandera’ y habían puesto todos los medios para ‘en todo servir y amar’. Ese fue el ‘secreto’ de María Antonia y de José Gabriel.

Damos gracias por el regalo de estos santos criollos y que nos ayuden a los argentinos a imitarlos para bien de la Iglesia y de la Patria.