¿Qué es América? La llaman, América originaria, América colombina, América ingenua, la nueva América, Hispanoamérica, Latinoamérica; La bien donada, América bifronte.

Pero para saber qué es, vamos en la búsqueda de su ser, partiendo de la concepción general en la búsqueda del ser total, a partir del escenario del yo y el ser; pero en principio de un ser elemental, en bruto. Es decir entre este ser que soy y lo que está dado ahí. Esta situación tiene una implicación notoria, que es el pensamiento, como un puente entre yo que soy y el ser, y además se vislumbra una presencia (inicialmente confusa) entre yo y el ser. El puente y la implicancia conducen a un llamado del ser al yo y también una respuesta del yo al ser; esto sucede cuando el yo hace filosofía del ser.

El saber escuchar y la vehemente inclinación de la inteligencia hacia el ser conduce al hombre a la filosofía.

Tres testimonios. Por eso el filósofo en América y especialmente en la Argentina debe escuchar con oído fino el llamado, la vocación del ser total, que proviene de las profundas capas de la realidad y a continuación comunicar esa realidad. Esto es lo que hicieron tres intelectuales que visitaron nuestro país. Hegel dijo después de un análisis de Oriente, Grecia y Roma que el lugar para América era un mundo a-histórico, situado en el porvenir. Es decir que América no es, o simplemente es nada o es algo nuevo, y todo a consecuencia de que América tiene una insuperable inmadurez, es tierra del futuro, es proyecto. Y si esto es así ¿Qué queda para la especulación filosófica?, nada. La especulación filosófica no tiene sentido en un mundo de inmadurez ; la radical imperfección imposibilita escuchar el llamado, la vocación del Todo del ser.

Ortega y Gasset dijo que el alma argentina tiene como cosa esencial ser promesa, espera la vida prometida que aún no es, tiene actitud de proyecto, exige un destino imperial pero corre el riesgo de quedarse en puro proyecto, creerse ya en perfección.

Cuando alguien quiere comunicarse con un argentino, este se cubre con una máscara, o sea no se entrega, es un hombre a la defensiva, se cierra y si es descubierto en su orfandad se irrita. No tiene interés en ser sino en aparentar o lo que quisiera ser. Es un Narciso y para defender su postura llega hasta la agresión y el "guaranguismo”.

Keyserling, el crítico más duro, dice somos refractarios e indomables, donde la vivencia primordial es la tierra y no el espíritu; tierra y pura fuerza telúrica y lo que corresponde al estado de ánimo, reptiles de sangre fría, de batracios; concluye diciendo que el sudamericano es total y absolutamente hombre telúrico.

Cuantas veces se inicia un nuevo comienzo, otras tantas resurge este fondo abismal, oscuro, que converge hacia el indio. Nada podemos esperar por ahora, si seguimos estas reflexiones proyectadas desde la América originaria.

Se pueden rechazar de plano estos diagnósticos, pero no se pueden negar evidencias.

Debemos hacernos cargo de que América se nos presenta con un mínimo de entidad, está ahí, simplemente presente y nada más, pura presencia en bruto. No dice nada que pueda significar una develación de algo universal, solo permite un acercamiento rudimentario, no encontraremos "una diferencia específica para definirla universalmente”. Cuando algo decimos de América, inconsciente o conscientemente, lo decimos por medio de una secreta referencia comparativa a Europa.

Europa es el continente del "ser abierto” y totalmente fecundado por el espíritu, devela al hombre europeo, la presencia del ser inteligible y lo pone en camino (nunca alcanzado) del "ser total”. Comenzó con los griegos y ha hecho posible la civilización occidental, desde los jónicos hasta las intuiciones de Parménides o Platón y la visión de la Verdad de San Agustín. Si escuchamos con oído fino el llamado del ser, la vocación; la presencia muda se descubrirá cuando la inteligencia buceando en ella rasgue y descubra lo entendible y lo podamos abstraer y la presencia dejará de ser muda y nos dirá qué es América; ejercicio que llevará años.

Descubrimiento de América. Hacerlo es romper su originalidad primitiva y abrir el camino a la nueva América. Las culturas precolombinas nunca trascendieron el estadio de lo puramente telúrico. La América totalmente originaria es la América anterior a Colón, primitiva. Pero Colón ha llevado a cabo un primigenio descubrimiento y de las oscuridades del ser en bruto, por primera vez emerge América y por primera vez se pone frente a frente la muda presencia con el emerger por el descubrimiento; lo que es lo mismo que decir la América originaria con la América descubierta. Dos caras de América. América bifronte.

Esta descomunal obra de la fe y la inteligencia tendrá siempre un enemigo emboscado en lo originario que luchará por retrasar, hacer desaparecer o vaciar de contenido, con su terrible poder de succión, la emersión de la nueva América.