Es lo primero que me vino a la mente durante una visita a la Universidad de Oxford para entrevistar al coautor de un estudio de Oxford-Martin School sobre el futuro de los empleos, según el cual el 47% de los empleos de Estados Unidos corren riesgo de desaparecer en los próximos 15 a 20 años debido a la automatización, los robots y la inteligencia artificial. El estudio, realizado por Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, clasificó 702 empleos según sus probabilidades de ser automatizados.

Casi todos los empleos que sean mecánicos, o que sigan una rutina física o intelectual, tienen probabilidades de desaparecer en el futuro cercano. Entre los más amenazados están los de trabajadores de manufacturas, camareros, vendedores (ya están siendo reemplazados por las compras vía Internet y los vendedores telefónicos robóticos), las secretarias y muchos empleos en la banca y la justicia.

Los críticos del estudio señalan que ha habido pronósticos igualmente alarmantes desde la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII, y esos temores fueron infundados. Pero muchos afirman que la tecnología está avanzando a una velocidad sin precedentes, y destruyendo más empleos de los que se pueden crear. Nada de esto parece importarle a Trump, el precandidato populista republicano que dice ‘amo a quienes tienen poca educación’, y los está engañando haciéndoles creer que terminar con el acuerdo de libre comercio con México e imponer un impuesto del 35% a las importaciones mexicanas crearía más empleos en EEUU.

Aparte del hecho de que las propuestas de Trump se basan en datos engañosos el candidato omite señalar, por ejemplo, que seis millones de empleos estadounidenses dependen del libre comercio con México, según la Cámara de Comercio de EEUU su aseveración de que logrará hacer regresar a Ohio o Wisconsin los empleos fabriles que se han ido del país es una fantasía total. ‘Lo que ayudaría a EEUU sería, ante todo, asegurar que los trabajadores poco calificados que han perdido sus empleos en industrias manufactureras sean reentrenados, para que puedan trabajar en nuevas industrias. Y, en segundo lugar, invertir en nuevas tecnologías y nuevas industrias para crear nuevos tipos de empleos’, dice Frey.

Mi opinión: estoy completamente de acuerdo. Trump, y a menor escala la precandidata demócrata Hillary Clinton, están engañando a los votantes al culpar a México y China por la pérdida de empleos y la reducción de sueldos en algunos sectores de la economía estadounidenses. Si Trump cumpliera con su promesa de castigar a las compañías estadounidenses que han trasladado algunas de sus fábricas a México o China para mantener su competitividad, estas compañías no repatriarían esos empleos a EEUU. Los reemplazarían con robots, que son cada vez más baratos y más sofisticados, y no piden aumentos de sueldo.
La verdadera discusión en la campaña presidencial de Estados Unidos no debería ser cómo evitar que los empleos vayan a parar a México, o China. La verdadera discusión debería ser sobre cómo educar mejor a la juventud y cómo reentrenar a los trabajadores para que puedan acceder a empleos en industrias tecnológicamente avanzadas, porque muchos de los antiguos empleos manufactureros van a desaparecer inexorablemente, ya sea por su relocalización en países de menor costo laboral, o por la automatización.