Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?” El les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?” Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella.” Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” (Mc 10,2-16).
El Papa Francisco abrió hoy la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos sobre "la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. En ella, 318 Padres sinodales, expertos y auditores, debatirán sobre ese argumento hasta el 25 de octubre. En coincidencia con este acontecimiento eclesial, el evangelio de hoy propone con fundamentos claros el proyecto original de Dios y el vínculo consiguiente de fidelidad recíproca entre el hombre y la mujer. Más allá del lenguaje imaginario, el relato bíblico del libro del Génesis (cf. 2,18-24) nos enseña que el hombre y la mujer tienen el mismo origen, naturaleza, y por lo tanto, la misma dignidad y la complementariedad de ambos. Así se explica la atracción y la unión profunda que se establece entre los dos: "Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Hombre y mujer son "parientes”, tal como resulta del juego de las palabras hebreas "ish” e "isha”, que se podría traducir como "varón” y "varona”. De ahí que Adán pueda "piropear” a la mujer y decirle: "Esta sí que es carne de mi carne y hueso de mis huesos”.
Pero hay una segunda afirmación no menos rica de novedad y consecuencias: el hombre y la mujer se encuentran para salir del aislamiento. "No es bueno que el hombre esté solo”: el hombre no se realiza en soledad. Dios ve al hombre solo y decide crearle una ayuda (en hebreo: "ezer”). Pero se trata de una ayuda "adecuada o que le corresponda” (en hebreo: "ke-negdo”). Siguiendo el escrito original en hebreo, Dios dijo: "voy a hacerle una aliada que sea su homóloga”. Se trata de una persona a la que pueda mirar a los ojos y de frente. Hasta ahora el hombre había podido mirar hacia lo alto: la trascendencia; hacia abajo: los animales; pero no había encontrado la ayuda adecuada. Así es que Dios decide crearle un ser a la que pueda mirar, y descubrir en esa mirada el lenguaje del amor, como decía el poeta francés Blas Pascal. Esto los debería llevar a que ambos exclamen: "No es que te amo porque te necesito, sino que te necesito porque te amo”.
En el tiempo de Jesús era admitido el divorcio sobre la base de un texto del Deuteronomio 24,1: "Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa”. Sobre la exacta interpretación de estas palabras, las principales escuelas teológicas se mostraban divergentes. La escuela rabínica de Shammai interpretaba la concesión en sentido restrictivo, y en la práctica admitía el divorcio sólo en caso de adulterio. En cambio, la escuela de Hillel interpretaba la cláusula en modo amplio y añadía que el hombre podía divorciarse de la mujer, "por cualquier motivo que le disgustara de ella”. Por tanto, la teología de aquel tiempo admitía el divorcio, aunque se discutía sobre las condiciones. Algunos fariseos piensan provocar a Jesús, y por eso lo interrogan sobre si es lícito el divorcio. El Maestro destaca cuál era la intención fundamental y originaria de Dios, más allá de cualquier casuística, remitiéndose a lo que Dios había dicho al crear al hombre y a la mujer.
Recuerdo que hace unos años un joven estudiante de medicina me presentó llorando el problema de la inminente separación de sus padres. Su madre era neurocirujana y su padre médico. El muchacho me invitó a su casa para hablar con ellos. El diálogo fue extenso, pero no parecía llegarse a una solución. Fue ahí cuando el hijo tomó la palabra y dijo: "¡Papá, mamá! Ustedes son médicos y yo dentro de poco tiempo también lo seré. Entonces pueden entender mi razonamiento: en mis células, que como todas ellas tienen cuarenta y seis cromosomas, veintitrés las he recibido de papá y veintitrés de mamá. Ustedes no pueden separar mis células. Ustedes dos están unidos irreversiblemente en mí. Por este motivo, no tienen derecho a destrozarme así. No tienen derecho de matarme en el cuerpo ni en el alma”.
En ese momento el joven inició un llanto que parecía no tener final. Los padres quedaron impresionados y volvieron a meditar sobre la decisión de no separarse. Es que el joven los había "golpeado” en la frente y en el corazón. Como expresa el Papa Francisco, hay tres palabras que los esposos no deben olvidar si desean vivir unidos: "Permiso, gracias y perdón”. La primera nos recuerda el valor de la delicadeza y la paciencia para decir al otro: "¿Permiso, puedo hacerlo?” "¿Te gusta que lo haga así?”. La gratitud es una planta que crece solamente en la tierra de las almas nobles. El Perdón es el mejor remedio para impedir que la convivencia se agriete y que la grieta se transforme en una fosa.
Dos personas infieles formarán una familia infiel. Dos personas vacías y frívolas formarán una familia mediocre. Pero no se pida que la familia se adapte al egoísmo de las personas. Son en cambio las personas las que deben "convertirse” a la grandeza y al compromiso de la familia tal cual la pensó Dios desde el inicio. La propuesta de Jesús es la de volver al origen: "el hombre se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne”, para partir desde allí con humildad y paciencia. Estas parecen ser hoy dos virtudes extrañas. Alguien se preguntará, ¿pero esto es heroísmo? Si. La vida, tarde o temprano nos pide respuestas heroicas.
Asumir y sobrellevar una enfermedad, acompañar y seguir a los hijos en el riesgoso camino de la educación, afrontar la vejez sin desesperación y recíproco respeto, mantener la serenidad frente a la muerte y las desgracias ¿no es heroísmo? Hoy, a las fatigas se las rechaza, a no pocos ancianos se los descarta, a muchos niños se los abandona, a la muerte se la esconde. Es la lógica del egoísmo que siempre da frutos amargos. A no olvidarlo: esta lógica es la causa de las crisis familiares. Eliminemos la causa y salvaremos la familia. Salvando a la familia salvaremos la alegría de tantos hijos, y el futuro del mundo.

