La Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Medicina al médico británico Robert Edwards, por la técnica de fertilización "in vitro" (FIV) que desarrolló junto con Patrick Steptoe para ayudar a parejas infértiles. Gracias a ella, el 25 de julio de 1978 nació Louise Brown, la primera beba de probeta, causando gran conmoción en la opinión pública mundial.
Cuando Edwards comenzó a analizar la posibilidad de ayudar a parejas con problemas para concebir fertilizando los óvulos maternos fuera del organismo y luego reimplantando los embriones en el útero, no se sabía mucho sobre el complejo proceso de fertilización. Tanto Edwards como Steptoe tuvieron que enfrentar obstáculos y críticas constantes. En 1971, el Consejo Británico de Investigación Médica decidió no seguir respaldando sus estudios. Debieron buscar financiación privada y soportar una avalancha de impedimentos, pero era evidente que ya no se podía volver atrás.
Tanto en la Clínica Bourn Hall, que Edwards y Steptoe fundaron en Cambridge, primer centro mundial dedicado a la FIV, como en centenares de instituciones en todo el mundo, estos métodos se fueron perfeccionando y se confirmó su seguridad, ya que los niños nacidos en estas condiciones tuvieron un desarrollo normal y se reprodujeron sin problemas. Eso no evitó que el problema despertara dudas y creara perplejidad entre los médicos y tuviera la oposición de iglesias, gobiernos y algunos medios de prensa.
Como suele suceder en la historia de la ciencia, éste es otro ejemplo de que, cuando la tenacidad en la búsqueda del bien supera las críticas, el progreso encuentra allanado el camino. De hecho, la metodología desarrollada por Edward tiene también implicancias para los avances actuales en el campo de las células madre y del cáncer.
Tal cual cita la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo, "retrospectivamente, es sorprendente que Edwards no sólo pudiera responder a las críticas permanentes que se hacían a la FIV sino que también haya continuado sin detenerse en la prosecución de su visión científica”. Gracias a estas investigaciones, actualmente el 3% de los recién nacidos en muchos países ha sido concebido con el auxilio de las técnicas de la FIV que influyeron en la vida de millones de personas infértiles a quienes se han dado la oportunidad única de procrear.
No faltan quienes critican esta técnica como suplente de la naturaleza. Colaborar con medios lícitos permitiendo la procreación es un avance, a pesar de que algunos, movidos desde creencias o ideologías cerradas, lo consideren un retroceso.
