La derrota del oficialismo en las últimas elecciones generó un clima de ebullición sindical. Las controversias estuvieron presentes en el interior de la CGT y sus consecuencias se reflejaron en las principales cúpulas del gremialismo nacional.

A los habituales enfrentamientos entre Barrionuevo y Moyano se sumaron los denominados "gordos", por el control de la millonaria caja de las obras sociales que el Gobierno nacional entregó a Hugo Moyano. No son las ideologías las que enfrentan a la dirigencia sino los intereses y el reordenamiento político para hacerse del rédito del poder.

Moyano, como interlocutor de la Presidenta y su esposo ante los gremios, le ha permitido manejar recursos económicos e institucionales que fortalecieron su estructura de poder y sus desmedidas aspiraciones políticas. Capitalizó la contraprestación oficial por disciplinar a los sindicatos que controla el camionero. Esta relación política y económica, es la cuestionada por "los gordos".

Sin embargo el verdadero debate, debería centrarse en lograr un movimiento obrero democrático con representación pluralista de todas las corrientes sindicales, como ocurre en la mayoría de los países democráticos. Esto incluye el manejo transparente de los fondos, que aquí se disputan para el uso discrecional.

Ninguna de las auténticas reivindicaciones laborales parece impacientar a las actuales conducciones sindicales. Por el contrario, lo que prevalece es el forcejeo por el poder dirigencial cuya única diferencia importante son las expectativas y ambiciones personales.