También puede perder fuerza porque la invasión de Estados Unidos a Irak le dejó poca autoridad moral para culpar a otros de violaciones a las leyes internacionales. En Latinoamerica, donde se firmaron importantes acuerdos para la defensa colectiva de los derechos humanos en la década de 1990, ahora casi todos los países se hacen los distraídos cuando sus vecinos violan libertades fundamentales.
¿Recuerdan la cumbre de Países Iberoamericanos en 1996 con la Declaración de Viña del Mar, que comprometía a todos los países -incluyendo a Cuba- a respetar el pluralismo político y los derechos humanos? ¿O cuando varios países rompieron relaciones con Perú después de que Alberto Fujimori clausurara el congreso en 1992? Esto es cosa del pasado. Hoy hay una menor respuesta a los abusos contra la democracia y los derechos humanos, me dijo Oscar Arias, ex presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz.
José Miguel Vivanco, director de las Américas de HRW, dice que el tema se ha politizado enormemente. "Hay un doble standard, donde muchos países critican las violaciones de los derechos humanos cometidas por los gobiernos con los que no están de acuerdo, pero las justifican con los que están de acuerdo”, dijo.
Brasil es el principal ejemplo del retroceso en materia de derechos humanos. Es un entusiasta defensor de las peores dictaduras para ganar influencia en los países en vías de desarrollo. Además de votar en contra de las causas de derechos humanos en la ONU, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva recientemente posó sonriente junto con el dictador cubano Raúl Castro, luego de la muerte del preso político Orlando Zapata Tamayo, tras una prolongada huelga de hambre. Lula comparó a los opositores cubanos con delincuentes. Lula recibió con honores al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, otorgándole legitimidad internacional a quien se proclamó ganador de unas dudosas elecciones en Irán. Además, Lula le dijo a la revista alemana Der Spiegel que Hugo Chávez es el mejor presidente de Venezuela en un siglo.
Pero la indiferencia es regional. Cuando Chávez clausuró la televisora independiente RCTV, o desconoció el resultado de las urnas en 2008 y despojó al alcalde opositor de Caracas, Antonio Ledesma, de oficinas y presupuesto, casi todos los presidentes hicieron la vista gorda. Igual ocurre en Bolivia, donde Evo Morales manipula abiertamente a la Justicia para perseguir y encarcelar a los opositores.
