Ser padre en estos tiempos implica un desafío que a los hombres les está costando mucho afrontar. Cada vez resulta más difícil la tarea de criar, educar y orientar a los hijos, fundamentalmente, cuando éstos llegan a la adolescencia y comienzan a manifestar las características propias de esa edad.

El cambio en el estilo de vida que se ha experimentado en las últimas décadas es, quizás, uno de los principales factores que están incidiendo negativamente en la relación del padre con sus hijos. Las exigencias económicas de la vida actual lleva a que el padre, y también la madre, deban dedicar gran parte de su tiempo al trabajo con el objeto de acercar los recursos para adquirir bienes materiales que finalmente, como un contrasentido, los llevan a alejarlos aún más de sus vástagos. Todo esto dentro de un proceso de incomunicación que hace que muchos hijos pasen días sin ver o hablar con sus progenitores.

Numerosas encuestas realizadas recientemente, coinciden en señalar que las relaciones entre los hijos y los papás se encuentran dañadas, o totalmente rotas. Actualmente se asegura que el 60% de los hijos se muestra poco interesado o desconoce totalmente las actividades que realiza su padre, mientras que otro factor es el escaso número de horas que el padre comparte con sus hijos. En ambos casos la causa de este fenómeno es la falta de comunicación.

La recordación del Día del Padre resulta oportuna para intentar reivindicar la figura de este ser que, en ocasiones, se muestra desinteresado, distanciado o desentendido, cuando en realidad este comportamiento suele ser consecuencia directa del propio estilo de vida y de su imposibilidad de revertir ese destino.

Que el padre ocupe el auténtico lugar que le corresponde dentro de la familia y de la sociedad, es una tarea que le compete tanto a él, como a su mujer y sus hijos. El hombre que es padre debe tener en cuenta que la permisividad o el amiguísimo con los hijos no garantizan una buena crianza. Por el contrario, la imposición de límites es lo que llevará a una correcta orientación, al igual que los ejemplos que pueda ofrecer.

Por su parte, la madre debe tener muy en claro el papel que le corresponde a cada progenitor y evitar asumir toda la responsabilidad en la crianza de los descendientes, haciendo copartícipe de esta tarea al esposo. Vale recordar la diferencia entre un buen padre y un padre bueno y que su autoridad dentro de la familia es en bien de la unidad que debe reinar en el hogar.