La Argentina, que supo tener uno de los niveles educativos más altos del continente, hoy mira desde abajo a la mayor parte de América latina. Sus países ocupan los últimos puestos en calidad educativa del mundo. Entre ellos, la Argentina, que volvió a recibir una mala nota en las evaluaciones del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA sus sigla en inglés), al analizar el rendimiento de los alumnos de 15 años en 65 países.
Allí se indica que nos ubicamos en el puesto 59, uno por debajo de la última edición, en 2009. Este Programa de Evaluación analiza el rendimiento de los alumnos en asignaturas como matemática, comprensión de lectura y ciencia, a partir de unas pruebas a las que fueron sometidos 510.000 escolares de los 65 países participantes. Hemos quedado sextos entre los ocho países de la región analizados. Desde la primera PISA de 2000 se observa un deterioro en lengua, estabilidad en matemática y un levísimo progreso en ciencias.
En lengua, la Argentina ha sido el segundo país de peor desempeño respecto de lo esperado en función de su bajo nivel al comienzo. Lo que es aún más preocupante, y se contradice con lo afirmado por el ministro de Educación, Alberto Sileoni, es la confirmación en 2012 de que algo más del 50% de los chicos de 15 años no llegan al nivel 2 en lectura, lo que equivale a decir que no comprenden cabalmente lo que leen. Este nivel 2 es considerado el punto de partida necesario en el que los estudiantes empiezan a demostrar las competencias lectoras que los habilitarán para participar productivamente en la vida laboral.
Según un estudio canadiense sobre la juventud en transición, los jóvenes que no llegan al nivel 2 tienen un riesgo muy elevado de tener muy pobre desempeño laboral. Menos del 0,1% de los estudiantes argentinos accede al máximo nivel de comprensión lectora, el 6. En nuestro país son varias las causas de estos magros resultados. Desde la exagerada proliferación de feriados nuevos que ha distorsionado el calendario escolar, hasta los conflictos gremiales que retrasan el inicio de cada ciclo lectivo, y la negativa de los sindicatos docentes a ser evaluados.
Es hora de hacer una autocrítica y no seguir justificando más, tantas carencias e innumerables errores. Hasta que nuestros dirigentes no se decidan a colocar a la educación en el primer plano de prioridades del país, y la sociedad civil no se los exija, será imposible cambiar este penoso estado de cosas.
