El análisis de los últimos tres años (2007-2009) de los problemas de la educación argentina, nos enfrenta a un escenario en el que la exclusión y el déficit educativo en el nivel primario y más profundamente en el secundario, se presentan como problemas estructurales. Las desigualdades sociales se revelan persistentes en el tiempo y claramente regresivas para los niños y adolescentes más vulnerables.

Es la conclusión que presentará próximamente el informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA) y la Fundación Arcor. En otras dimensiones, más relacionadas con atributos de la oferta educativa, se visualizan progresos, aunque el gran desafío continúa siendo achicar la brecha de la desigualdad.

En en el caso de las mejoras observadas en la inclusión en el nivel inicial no obligatorio entre los 2 y 4 años, estas se registran mayormente en los estratos medio y medio altos. Asimismo, se observa una mayor oferta de enseñanza de computación y segundo idioma pero favorece a los estratos sociales superiores. El 22% de los adolescentes urbanos no lee ni utiliza Internet. Si bien se registran progresos en el acceso a una computadora en el ámbito escolar, estos favorecen a los adolescentes más acomodados y no a los más vulnerables.

La escuela secundaria es obligatoria; la universalización es un objetivo explícito de la Ley de Educación Nacional, pero un 10% de los adolescentes entre 13 y 17 años no asisten al secundario. Se estima que un 17%, en los primeros años del nivel, representa un déficit educativo, ya que están fuera de la escuela o en un año inferior al correspondiente a su edad, situación que trepa a más del 40% en los últimos años del trayecto educativo.

Nos encontramos con un dramático cuadro de la educación en Argentina, en el que la desigualdad resulta evidente. La responsabilidad del Gobierno se hace una vez más evidente, por cuanto mantiene un esquema arbitrario de coparticipación federal de impuestos, que incide negativamente en la distribución de los recursos con los cuales las provincias deben afrontar sus obligaciones educativas.

Causa inmenso dolor comprobar que la educación argentina, que conoció sus momentos de gloria y vanguardia, se ahogue hoy en una mediocridad creciente.