"Será una tragedia que si desarrollamos vacunas seguras y eficaces contra la Covid-19, las personas no las tomen”. Fue la frase de alerta de Scott C. Ratzan, especialista en salud comunitaria y autor de numerosos artículos relacionados con la comunicación de vacunas. Insiste Ratzan en la importancia de abordar las dudas que generan las vacunas para restaurar la confianza. Estaríamos lejos de la meta. Ello se desprende del estudio publicado el 20 de octubre en la revista Nature Medicine. El estudio fue elaborado sobre datos de la encuesta COVID- SCORE realizada por investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), y de la Georgetown University Law School. En los 19 países encuestados, todos afectados seriamente por la pandemia, el nivel de aceptación resultó insuficiente para lograr la anhelada inmunidad comunitaria. De los 13.426 encuestados, el 72% respondió que probablemente se aplicarían la vacuna. Del restante 28%, un 14% se negaría a la vacunación y otro 14% se mostró con dudas. De efectivizarse esta tendencia, significaría que millones de personas no recibirían la vacuna.
Una de las vacunas que puede ser aplicada en Argentina es la rusa Sputnik V. La pregunta es por qué los rusos se mostraron tan reticentes a usarla.
Eficacia y seguridad
Respecto a la eficacia y seguridad, claves de la confianza en una vacuna, resultan reveladores los resultados del estudio. En base a la pregunta si recibirían una vacuna probada, segura y eficaz, la mayor cantidad de respuestas positivas se dieron en China (87%), mientras que, en el otro extremo, los encuestados rusos mostraron el índice más bajo de respuestas positivas (55%). No obstante, Rusia sigue en carrera buscando una vacuna que pueda vencer al coronavirus. Recientemente ha informado a través de portales de noticias que la vacuna Sputnik V logró un 92% de efectividad en las primeras pruebas de la denominada fase III. La pregunta obligada es sí este anuncio logrará revertir los bajos niveles de confianza de la población. Por lo pronto diremos que siguen vigentes las objeciones de la comunidad científica sobre su eficacia y seguridad. Esto es la falta de publicación de los resultados en revistas científicas especializadas y que la muestra de la fase III sea más numerosa y abarque poblaciones heterogéneas. El cálculo se basó en 20 casos confirmados de Covid-19, cuando la naturaleza misma de evidencia de la fase III, requiere una muestra más amplia y diversa. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sostuvo en agosto sobre la vacuna rusa que: "Acelerar los progresos no debe significar poner en compromiso la seguridad”.
Desconfianza
El otro dato que arroja el estudio que no debemos pasar por alto es el relacionado con las razones de la desconfianza. Para Jeffrey V. Lazarus, coordinador del estudio, la duda generada depende principalmente de la falta de confianza en los gobiernos. Según Lazarus la confianza en las vacunas es mayor en los países en los que la confianza en el gobierno también es más alta.
En Argentina, por su parte, un sondeo realizado en la ciudad de Buenos Aires por la Universidad de Belgrano, reveló que sólo el 38% de los porteños "aceptaría ser de los primeros en aplicarse la vacuna”; el 17 % aceptaría vacunarse "solo después de un tiempo; otro 17% dice que no sabe y un 28 % dijo que no (http://repositorio.ub.edu.ar/handle/123456789/1250
Este es el panorama actual que pone a los gobiernos frente al desafío de reconstruir confianza apoyada en una comunicación clara, científicamente validada. Sumo a ello, un componente esencial de la confianza: devolver a la ciencia el protagonismo necesario. Si no fomentamos la alfabetización en vacunas de la mano de la ciencia, difícilmente restauremos la confianza de la gente.
Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
