Apesadumbrado por la peor crisis económica que soporta España en cuatro décadas, y con escaso margen de acción política, el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero decidió abandonar el poder tres meses antes de lo previsto. El adelantamiento de los comicios generales para el 20 de noviembre próximo, fue anunciado por el propio mandatario, de manera de que en el primer día de 2012 asuma el presidente electo.

No obstante la resistencia del jefe del Palacio de la Moncloa a tomar esta drástica medida, reclamada por distintos sectores gravitantes, incluyendo las reiteradas manifestaciones públicas, no tuvo otra alternativa, porque como lo reconoció ante la prensa, obedece a la necesidad de descomprimir la creciente presión popular en un escenario político que lo había dejado solo en su intento de revertir un panorama que ubica a España en el borde de la "barrera psicológica” de los 400 puntos básicos del riesgo país, lo que obligaría a verse necesitada de acudir a un rescate financiero externo, como lo hicieron Portugal, Grecia e Irlanda.

El segundo mandato de centro-izquierda de José Luis Rodríguez Zapatero, que comenzó en 2008, ya es considerado por los analistas políticos como el más riesgoso para la economía española desde el inicio a la transición democrática, en 1975. Las críticas más dramáticas señalan un récord de desocupación, de casi cinco millones de personas, y el estallido de la llamada "burbuja inmobiliaria” a la que apostó el gobierno, pero que sumió al país en la depresión actual, son apenas dos de los grandes problemas de la parálisis actual de España con un desempleo "inasumible”, según lo calificó Zapatero, aunque en su obstinada manera de observar la crisis manifestó que se irá dejando la economía nacional "en un proceso de recuperación ya consolidado”.

Claro que la realidad española indica otra cosa, con problemas de fondo difíciles de resolver de inmediato. El cuadro recesivo exhibe una notoria caída del consumo, el encarecimiento del crédito y la falta de oportunidades laborales por la paralización de la actividad económica. Esto se traduce en una fuerte emigración de jóvenes trabajadores calificados hacia otros horizontes más promisorios, incluyendo a la Argentina, donde llegan por mes más de mil españoles a radicarse, contrariamente a lo que ocurría a principios de esta década, cuando los acompañaron muchísimos argentinos que partieron en busca de mejores perspectivas de vida.