El demorado proceso de paz en Colombia, con el desarme efectivo de las FARC, la narco-guerrillera que asoló a ese país durante medio siglo, ha dado un paso histórico esta semana, con la entrega del armamento a la misión de las Naciones Unidas encargada del acopio y destrucción.

Este desarme se hace en el más absoluto sigilo porque los guerrilleros sostienen que es una operación entre ellos y la ONU y cualquier cobertura puede ser vista como una rendición, lo que buscan evitar a toda costa. Hasta ahora la misión internacional ha recibido 2.300 de las casi 7.000 armas en poder de los guerrilleros; otro 30% el 14 de junio y el restante 40% antes del 20 de este mes.

Los plazos ya fueron extendidos desde el pasado 29 de mayo, día fijado originalmente y que no pudieron cumplir. Todo esto sin considerar la existencia en escondites selváticos de explosivos inestables y armamento pesado. Los depósitos están ubicados en zonas remotas, por lo que su recuperación tomará tiempo.
Sea como fuere, el paso dado por la guerrilla es irreversible, con el 30% de las armas en poder de la ONU y combatientes reunidos en las zonas transitorias de normalización, el regreso del conflicto es imposible.