Evo Morales obtuvo un aplastante triunfo que le permitirá gobernar a Bolivia durante otros cinco años, al imponerse por el 62% de los votos contra el 24% del derechista Manfred Reyes Villa. Con una mayoría de dos tercios en el Parlamento, podrá profundizar su revolución socialista e indigenista, algo que los partidos tradicionales ya ven como una dictadura.

Morales quiere que la Asamblea Plurinacional apruebe 100 leyes en forma inmediata, tras asumir su segundo período, a fines de enero. Tal vez los prefectos de los departamentos del oriente boliviano: Beni, Santa Cruz y Tarija, no se mostrarán pasivos ante una nueva ley de autonomías que otorgue autogobierno a los indígenas, y que socave el poder departamental. Otra ley sensible es la que conformará al Poder Judicial. Según la Carta Magna, el Estado puede expropiar tierras que no cumplan con una "función económico-social", un concepto que podría derivar en la politización de la asignación de las tierras.

Los desafíos que enfrenta la democracia boliviana tienen que ver con el riesgo de la exacerbación del presidencialismo basado en una mayoría parlamentaria y en desmedro del pluralismo político. Los resultados de las elecciones departamentales y municipales convocadas para abril de 2010 definirán si el oficialismo podrá profundizar su proyecto político o si la oposición regional le pondrá limites.

Pero lo más preocupante es la mentalidad autoritaria de Evo Morales, que lo llevó a expresar: "A mí no me importa si lo que hago es legal o ilegal, para eso tengo abogados, ¡yo le meto nomás".