Esta es una sociedad a la cual le cuesta vivir en equilibrio y ello hace que se desfiguren hechos, se enfrenten sectores y se desdibujen los objetivos comunes del futuro. A los argentinos, le cuesta el equilibrio porque es ecuanimidad y mesura en los actos, sin él se pierde la cotemporarización y la prudencia para sostener los hechos. Por ello, se necesita más que nunca del equilibrio social. Más, hay que recuperarlo.
Sin equilibrio abunda la confusión y en ella todo se desfigura. Muchas veces ésto se podría evitar reflexionando antes de hablar (políticos) y evaluando antes de tomar medidas que muchas veces no responden al bienestar común (gobierno).
Hoy, parecería que las cartas están echadas, que costará mucho revertir las incómodas situaciones enumeradas y que hay una especie de cansancio inocultable en la ciudadanía observadora. Es la ciudadanía que trabaja y es contribuyente y que clama por una comunidad algo más ordenada, dialogadora y constructora de su propio destino. Que sepamos no hubo un plebiscito para un nuevo modelo de país que siempre se menciona.
Ese clamor ciudadano es algo que muchos no entienden. Se trata de revertir la existencia de verdaderos azotes sociales que empiezan en la inseguridad y que al no ser estudiados con seriedad por equipos interdisciplinarios impiden la corrección de las verdaderas causas de origen.
Pasan demasiadas cosas. Hay cada vez más niños de la calle, el aumento del consumo del paco incrementó en forma alarmante la drogadicción y están llenos los hospitales con esos drogadictos. Pero no se detecta que se trabaje en el tema.
Otro hecho irreversible: aumentan las muertes inesperadas, a manos de quienes matan por matar. Este es un hecho relativamente nuevo en el escenario del delito y necesita ser revertido, requiere ser estudiado al menos que no se detecte que dejar las cosas como están, aumentará esta increíble y peligrosa forma de matar. O matar porque sí.
Pero, en una sociedad abatida por estos flagelos ..¿ cómo se pueden producir cambios destinados a proteger a la comunidad?.. ¿qué instituciones pueden asumir los cambios sociales que liberen a la sociedad de estos flagelos?. Se piensa siempre en primer término en la educación que es en su proceso lento, progresivo y formativo y que necesita años para arrojar resultados. Esta bien y ese es el reaseguro para la sociedad del futuro no lejano.
Pero ¿qué hacer mientras tanto?. Se supone que las fuerzas de seguridad necesitan ser reasignadas según la demanda de los hechos. Algunas instituciones socio-culturales y ONG también pueden hacer algo. Y se sabe que la sociedad espera ejemplos de sectores del poder.
Esto último no sucede. Y, lamentablemente, hay gente que espera lo que hacen desde arriba. No se sabe porqué -y cuesta entenderlo- mucha gente cree que los ejemplos de quienes gobiernan deben ser imitados, pese a que cada ser humano debe hacerse cargo de su propia vida con absoluta individualidad. Más bien, eso de mirar lo que hacen quienes gobiernan, parece una excusa para justificar errores. Parece que la idea (la excusa) debería traducirse así: si ellos lo hacen ¿por qué no yo?.
Pero hay una estructura social lógica. Y es que por más que se examinen las acciones comunes siempre se llega a la conclusión de que la suma de la conducta del hombre es la que produce el resultado final. La demanda es, entonces, ser persona.
Ser un ser humano responsable de sus actos, cumplidor de sus deberes para consigo mismo y para los demás. Ser alguien útil para la sociedad en la cual se está inserto.
Las generaciones actuales lo encontraron todo hecho: el sistema educativo y el sistema de salud, accesos para la construcción de la vivienda, beneficios laborales ante cualquier contingencia.
Pero, como la gente que llegó y disfrutó de estos beneficios nada hizo para mantenerlos ni mejorarlos pese a los incesantes cambios, hoy existen algunos desgastes que deberían ser reparados. Es decir, deberían ser mejorados y actualizados de tal manera que ningún sector saliera herido, como ha sido tradicionalmente en la verdadera democracia del mundo occidental.
Esa historia de que el que tiene más debe darle al que tiene menos se dice desde las tribuna para captar algunas voluntades, porque el que tiene más da trabajo, paga cargas sociales que benefician al empleado y una cantidad de impuestos que van al fisco.
No se trata entonces de cantos de sirena. Se trata de que cada uno cumpla con su deber y viva lo mejor que pueda en un marco de respeto y paz.
