La cárcel nunca deja de moverse, aunque este quieta y es como si ese movimiento pusiera a todos los que la transitamos en un colador que nos mantiene dentro de la red, pero mareados; no perdidos, pero si, en muchas ocasiones, desorientados. La cárcel desubica, pone y saca piezas arbitrariamente, generando desconciertos que aturden, que desaniman, que quiebran (Fragmento del libro "A pesar del encierro" Prácticas políticas, culturales y educativas en prisión, ed. María Chiponi y otros- 2017)) Este magnífico relato describe, a mi entender, el permanente quiebre moral al que están expuestos quienes transitan por la cárcel, pero del otro lado de las rejas. Los hombres y mujeres del Servicio Penitenciario, cuyo lugar de trabajo es la cárcel. A las propias angustias y pesares, deben sumarle las inquietudes, desánimo, enojos y dramas personales de quienes están privados de su libertad.
La ética, una brújula en el camino
La carga emocional es de tal envergadura, que no extraña la confusión que todo ello puede producir. Y como el desconcierto es moral, la ética emerge como brújula en el camino para no perder el rumbo. Metáfora apropiada para indicar la función de la ética: instrumento de orientación que señala el norte. Y al igual que la brújula, la función de la ética se basa en el magnetismo que ejerce el bien en nuestra voluntad. Podremos discutir sobre qué es el bien, pero en un punto hemos de coincidir: todos obramos conforme a un fin que en su contracara lleva una oferta de bien.
Ética, imán y límite
La ética en estos contextos de encierro, es valiosa herramienta para tomar decisiones correctas. No hay mucho margen para el error moral. Del otro lado de las rejas hay personas con la misma dignidad que el resto de los humanos. No son causas, tampoco números de expedientes. Son personas y ese es un atributo que ni el más horrendo de los crímenes puede suprimir. Ese es un límite infranqueable que ninguna acción u omisión puede vulnerar y que le ética debe custodiar.
Ética vs barbarie
Pero además de su función de imán y límite, la ética es camino de autorrealización. Obrar conforme a principios y valores ayuda al perfeccionamiento moral. De allí la importancia de formar en valores a las personas cuyo ámbito laboral es la cárcel. Una adecuada formación en valores y virtudes morales, tendrá positivas consecuencias. Una de ellas es humanizar las relaciones con los detenidos. El detenido está privado de su libertad deambulatoria o de movimiento, pero nadie le puede privar de su dignidad. De esa manera se asumirá con mayor facilidad que la función del agente penitenciario trasciende la función de vigilancia. Efectivamente, la asistencia del detenido es una de las más delicadas funciones del personal penitenciario, que demuestra su verdadera vocación y su temple moral. Además de ello, la ética siempre ha sido una barrera para la barbarie. Sin ética, las instituciones en general, corren el riesgo de convertirse en una especie de jungla donde se impone la ley del más fuerte. La ética aporta a la armónica convivencia de guardias y detenidos, en la medida que ayuda a todos a ser mejores personas.
La importancia de educar en valores
Arribamos así a una conclusión. La ética no puede estar ausente en la formación del personal Penitenciario. El riesgo del quebramiento crece cuando falta identificación con sus deberes morales. Generar ámbitos donde se puedan plantear dilemas éticos es fundamental en su proceso de formación. Celebramos que así lo haya entendido el gobierno provincial promoviendo espacios de formación continua en temas éticos, como el reciente Curso "Formando a Formadores". La vida en prisión es un ambiente extremo que afecta tanto a detenidos como al personal del Servicio. Sin olvidar que somos lo que somos y también lo que podemos llegar a ser. Es fácil ser justo en el paraíso. Pero la cárcel no es precisamente un edén, ni de un lado ni del otro de las rejas.
Por Miryan Andujar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
