No cabe duda que desde el punto de vista institucional, la política ha ocupado y ocupa un lugar preferente entre las acciones ciudadanas de los argentinos. Sin embargo el resultado de determinadas funciones de éstas ha degradado su construcción social al punto tal de reflejar en apariencia lo que en realidad no es.
Como afirma PL Verdú (Concepto de institución política): ‘Sabemos que las instituciones organizan y aseguran la realización del proceso de orientación política, pero puede suceder que en un momento dado no existan instituciones suficientes para garantizar esa misión, o bien las instituciones políticas existentes lo hacen imperfectamente; por eso se requiere su institución o mejoramiento. Entonces resulta que es menester la institucionalización política, es necesario crear otras instituciones, o perfeccionarlas, o sustituir las antiguas por otras nuevas. Toda revolución, todo movimiento político, pretende consolidarse a través de instituciones correspondientes tanto al Estado-sujeto como al Estado-comunidad’.
Se trata pues del pretendido interés que varias de las figuras políticas procuran al admitir como institución política, acciones que no lo son y que por consiguiente la degradan, dicho de otra manera, pretender perpetuar o instalar situaciones que calificadas hoy por la Justicia como procesalmente pasibles de sanción, no encajan de ninguna manera con justificaciones solidarias o al menos decorosas -esto por sus propios imputados- no podrá igualarse a un concepto de política desde lo institucional.
Una estructura partidaria y política a la vez tiene tres elementos fundamentales que la califican, a saber: una plataforma política, un proyecto ciudadano y unas bases doctrinales. Obviamente acompañadas por la imagen del hombre candidato al poder que secunda la propuesta. Pero debemos entender que este por sí solo de ninguna manera puede ser juzgado por sus acciones. Si, para el caso de un análisis detallado junto a su equipo que lo acompaña, gabinete de gobierno o funcionarios determinados.
Es entonces como progresivamente en nuestro país y en forma ostensible se ha trabado una concomitante afrenta a la política que ve cómo todo su cuerpo estructural se reciente por ciertas maniobras de hombres políticos. Quedará entonces en manos del Poder Judicial observar y definir los destinos de esta institución diezmada por la ambición y la corrupción, donde el pueblo está a la expectativa de un correcto desenlace.
