La Presidenta de la Nación, a través de expresiones públicas y sus conferencias de prensa, demuestra la molestia ante la palabra que la cuestiona o que busca clarificación de ciertos temas de actualidad. En la última rueda con los medios, el periodista de un matutino de la Capital Federal le tuvo que rogar que no lo agrediera.

"La violencia es siempre nociva. Por ello, ante cualquiera de sus manifestaciones se deben tomar medidas urgentes. Aunque lo más conveniente es prevenirla, empleando la tolerancia y el diálogo". Estas frases pertenecen al filósofo y psicoanalista esloveno Slavoj Zizek, y las escribió en su libro "Sobre la violencia".

Lo cierto es que, antes que agredir con el lenguaje, se debe buscar la aceptación de quien piensa distinto, sin humillarlo ni someterlo a tener que aceptar con lo que no se está de acuerdo. Hay un muy extendido prejuicio que define a la lengua como un medio de comunicación, pero como lo expresa Ivonne Bordelois, el lenguaje es también un placer sagrado, cuando se lo emplea para comunicarse con otros, reconociendo el sentido de alteridad que nos hace más humanos y más plenos.

En cada comunicación verbal se logra así una relación misteriosa y fecunda, que garantiza que la lengua tenga poder, pero no de fuerza. En este sentido, es necesario recordar a Martí: "La lengua no es el caballo del pensamiento, sino su jinete". Es decir, en la lengua hay algo anterior y superior, en cierto modo, al pensamiento mismo. Y si pensamos en el lenguaje como un órgano de conocimiento anterior al pensamiento, la pregunta normal ya no es: ¿Cuántas lenguas habla usted?, sino: ¿Cuántas lenguas escucha usted?

Hablamos aquí de un don más íntimo, tan desconocido como necesario en nuestros días: el don de escuchar lenguas, y en particular, el don de dar lugar en nosotros a la escucha de nuestra propia lengua, que tan desatentamente hablamos y a la que tan poco lugar y tiempo de reflexión concedemos. Al lenguaje no se lo emplea, porque no es un instrumento, sino un proceso que vastamente nos trasciende. Con razón Merleau Ponty decía: "El lenguaje, antes que un objeto, es un ser". Y este ser se degrada inevitablemente con los ataques y las agresiones verbales.

El lenguaje es un amenazador peligro para la civilización mercantilista y la ideología autoritaria; por eso es que a los mercaderes del "use y tire" y a los autoritarios tanto les molesta.