La belleza está discriminada. ¿Cómo? Si, está discriminada. Tanto en mujeres como en hombres está creciendo una ideología por la cual quienes han nacido con cierta simetría o ciertas proporciones que los destacan de los demás, son mal vistos resultado de la envidia maligna de quienes somos "normales". La definición de belleza es tan difícil como inútil, todos nos damos cuenta cuando pasa entre nosotros una persona bella. Hablando de las mujeres fue un zarpazo inconsulto y supuestamente feminista comenzar a llamar "embajadoras" a las Reinas del Sol. El nombre era lindo y hasta recordaba a nuestro pueblo ancestral quichua, su cambio fue con el propósito de "destacar otras virtudes" y denostar la belleza. Fue su belleza la que permitió a Cleopatra seducir a Julio César, a Judith salvar a su pueblo frente al asirio Holofernes, a Susana levantar el prestigio del profeta Daniel, a Salomé obtener la cabeza de Juan el Bautista y a Dalila traicionar a Sansón. Antes de ahora, las llamadas "Reinas", se presentaban en cualquier oficina y les abrían las puertas para negociar beneficios para sus departamentos, la belleza física se impone sola.

Ahora se venera la delgadez extrema, desde los 60s

No ha pasado lo mismo con las "embajadoras". Una "embajadora" en realidad representa a un gobierno, como ocurre con todos los diplomáticos que cambian con cada gestión. Un rey o una reina, representan a todo un pueblo, a todo un país, no ejercen sino la continuidad simbólica de una comunidad con su idioma, sus costumbres, su cultura, de ahí que quepa más en nuestro caso el título de "reina" en lugar de "embajadora". La cuestión no tiene nada que ver con la democracia, que se ejerce de modo completo en todos los países del mundo que tienen reyes o reinas y por otro lado, si fuera por eso, hay países que se declaman demócratas y tienen la forma de una monarquía hereditaria, como en los casos de Cuba, Nicaragua o Venezuela. Una Reina lo será para siempre, una embajadora tendrá un mandato breve, todos recordamos a quienes fueron alguna vez Reinas del Sol, nadie a las últimas "embajadoras". La fealdad extrema es tan rara como la belleza, luego, está mal discriminar a alguien por su aspecto, cualquiera sea, no vale discriminar por fealdad y tampoco por hermosura. Lo más común es que seamos dueños de un aspecto ordinario que pasa inadvertido, que no es el caso de ciertas mujeres y ciertos varones que abren un surco cuando caminan por la calle porque, como dice el tango "Se paran pa mirarlos". Eso ocurre espontáneamente cuando vemos algo bello. Cuando un grupo de rockeros, U2 y el tenor Luciano Pavarotti quisieron mostrar al mundo lo contrario al horror de la guerra en Kosovo, pensaron y organizaron rápidamente un desfile de modas, con el lema La belleza es preferible a la guerra. Nunca fue mejor utilizada la frase. La belleza física es indefinible, por eso conviene dejar que un jurado amplio elija lo que le parezca, y por supuesto que si participa el público como se lo vino haciendo los últimos años, mejor. Asociar belleza con otras virtudes que el ser humano pudiera tener, quita del diccionario el concepto de belleza, lo elimina completamente, lo destruye. Una flor puede ser venenosa y bella a la vez. pero no se lleva las flores a un laboratorio químico para ver qué contienen y definir si son bellas o no. Es lógico que se pida que las candidatas sepan desenvolverse en un escenario, hablar ante el público, que no es fácil, y enfrentar a un periodista en un medio de comunicación, también que tengan las condiciones mínimas para representar a su pueblo y divulgar las virtudes turísticas de su provincia, en este caso de San Juan. De ahí a un concurso de antecedentes y oposición parece una imposición exagerada y autoritaria. Suponer también que la belleza física disminuye la dignidad de la mujer sería lo mismo que afirmar que Brad Pitt, George Clooney o antes de ellos Alain Delon o Clark Gable hicieran lo mismo con el ser masculino. Elizabeth Taylor no era tan buena actriz y mucho menos Marilyn Monroe, pero nunca fracasó alguna de sus películas, el público, juez final de todo, quería verlas por su hermosura. La belleza no siempre fue evaluada igual, mujeres pulposas eran bien vistas en un pasado en que se vivía con economías de subsistencia y la gordura era síntoma de bienestar y buena salud. En los 60s del siglo pasado comenzó a venerarse la delgadez extrema, estética que se mantiene hasta hoy resultado de mayores conocimientos de nutrición y, sobre todo, de la televisión que exagera las formas. Eso sí, esa evaluación no fue por decreto o por una ideología. De seguir así, llegaríamos a ciertas culturas que ocultan la figura de la mujer cubriéndola de cabeza a pies con una burka. Supo cantarse una canción jocosa que recitaba "Que se mueran los feos", ahora, resultado de una ideología que tira todo para abajo parece ser al revés. Estamos pobres y desilusionados, por ahí lo único que nos puede alegrar es la belleza, un pequeño placer visual que no admite racionalidad pero que nos hace algo felices. Miguel Mateos parece cantar bajito como una especie de banda de sonido de esta película "tirá, tirá para abajo, tirá".