Nuestro tiempo exige una reflexión profunda sobre la crisis educativa para tener respuesta ante la situación que muestran algunos datos recientes; habría lugares en los que el porcentaje de abandono en la escuela secundaria estría cerca del 50%, un porcentaje similar de los que terminan el ciclo no comprende lo que lee. La búsqueda de un fundamento de esa crisis divide las opiniones y las soluciones que se esbozan a veces chocan entre sí.
Una propuesta plantea cambios de fondo mirando el deterioro de la educación en las últimas décadas. Los resultados en las pruebas de evaluación PISA son desalentadores. Se añora otros tiempos de la educación argentina reconocida internacionalmente.
Aparece la duda, donde buscar el fundamento de la declinación del sistema educativo, dentro o fuera de ese sistema, o la opción tentadora de considerar las dos alternativas. En ese caso dentro del sistema se han visto en las décadas pasadas cambios sucesivos, algunos han corrido la suerte de lo efímero. Las sucesivas modificaciones pueden ser indicio de que se percibe la crisis, se fundamenta las modificaciones en desarrollos teóricos; entonces una alternativa ahora ante la expectativa de nuevos cambios, sería un debate previo sobre las bases teóricas.
Sabiendo que un acuerdo en ese nivel de fundamento puede parecer difícil en un hoy convulsionado, con pérdida de valores, falta de rigor conceptual, superficialidad alarmante que puede ser percibida fácilmente por adolescentes; pero sin fundamentos claros se puede reducir la discusión a cuestiones empíricas, situaciones de hecho, y seguir la solución que aparezca sustentada en slogans, modas, opiniones a veces de sentido común, pero sin aportar un fundamento teórico que dé credibilidad al sistema.
La inestabilidad de las reformas realizadas ayuda a crear un ambiente de movilidad constante, próximo a la inseguridad; sin desconocer que esa movilidad puede verse con simpatía pensando que se busca adaptación a un tiempo de crisis. Pero eso se enfrenta a una realidad incierta, el deterioro en la educación, el alto porcentaje de alumnos que sale de la secundaria sin comprender lo que lee. En todo caso la diferencia de opiniones sobre este análisis, podría hacer aparecer desde la diversidad de opiniones, alguna claridad en la crisis de la escuela si las opiniones se basan en la realidad, incluso tomando en cuenta la situación del docente que debe enfrentar la realidad actual a cada paso en el aula.
Esa situación aumenta la exigencia en la formación docente incorporando habilidades para la conducción de grupos heterogéneos, con alumnos que pasan por crisis familiares y no están formados en la cultura del esfuerzo; también el avance de la tecnología presenta conocimientos y técnicas nuevas, cuya enseñanza requiere nuevas habilidades.
Las cuestiones epocales que pueden requerir respuesta educativa nos ubica en la segunda opción planteada al principio, factores externos al sistema escolar influyen en el trabajo en el aula. Entre ellos la disminución de la autoridad y de la estima del rol docente, al mismo tiempo aumenta su trabajo ante dificultades en la familia desorganizada del alumno, que se traducen en indisciplina, agresión, desinterés.
La autoridad resentida pone al docente en situaciones difíciles ante padres y alumnos, eso unido a veces a un clima adverso a la cultura del esfuerzo en la educación. Así la exigencia puede generar reacción adversa, entre la sobre exigencia y el facilísimo hay un espacio conflictivo que necesita reflexión. El ideal de una educación unida al esfuerzo como medio para progresar en la vida se enfrenta a una cultura de la distracción.
Ante esa situación se plantea cómo entender hoy la conducción en la escuela para sostener valores fundamentales de la formación como persona del alumno, incorporar habilidades para la conducción de grupos heterogéneos con alumnos que pasan por crisis familiares y no están formados en la cultura del esfuerzo, y para trasmitir conocimientos y técnicas nuevos; sin olvidar la importancia de la actitud del maestro que asuma la situación actual identificándose con su vocación.
Por Manuel Castillo, Profesor de Filosofía de la Universidad Nacional de San Juan.
