
El día 31 de marzo de 2009, el Congreso de la Nación, por vía de los senadores de las Provincias de Mendoza y San Juan, organizado por las Casas de San Juan y de Mendoza en Buenos Aires e invitación de la Dirección General de Cultura del Senado de la Nación, se distinguió con el tradicional Premio "Para el tiempo de Cosecha", que se otorga por la trayectoria en la difusión nacional e internacional de la música cuyana, a Los Hermanos de la Torre, por la provincia de San Juan, y al guitarrista y compositor Daniel Talquenca, por la provincia de Mendoza.
Pudimos conseguir un hotel ubicado justo frente al magno Congreso, desde cuyo ventanal se apreciaba una garúa que ataviaba a Buenos Aires con su túnica habitual y magnificaba la verde cúpula del histórico edificio.
Promediando la mañana, un paulatino y cada vez más pronunciado movimiento de gente comenzó a agolparse en las escalinatas. Había fallecido el gran Raúl Alfonsín.
El acto debía realizarse en el Salón Azul del Senado Nacional, pero debido al acontecimiento los organizadores decidieron trasladarlo a la Casa de San Juan en Buenos Aires, la confortable casona que fue residencia del ilustre Domingo Faustino Sarmiento en sus últimos días y que su secretaria le adquirió pagando con los ahorros de su sueldo de Presidente.
En la ocasión actuaron los laureados y, en homenaje a ellos, por San Juan actuó el tenor Ricardo Ochoa, quien interpretó canciones de la autoría de los Hnos. de la Torre y por Mendoza Mónica Abraham, cantando temas de Daniel Talquenca.
La ilustre casa estaba colmada de público, la mayoría residentes de las dos provincias convocantes. Entre otros, la querida y prestigiosa Eda Bustamante, a quien no veíamos desde hacía varios años. Eda pidió encarecidamente que se le permitiera presentarnos, pero lamentablemente no fue satisfecha, invocando los organizadores que ya había un presentador. Nos vimos privados de una presentación de lujo y sobre todo entrañable, porque con Eda fuimos amigos desde que ella vivía en San Juan, y ella también sufrió manifiestamente esta pequeña frustración.
Una muerte ilustre como la del gran estadista Raúl Alfonsín nos puso esa noche de festejo y reconocimiento en la magia del encuentro insondable entre dos maestros de la República, dos hombres atrapados por la buena historia. El enorme Sarmiento seguramente disfrutaba desde su eternidad fogosa e indestructible de la visita de la sombra de otro grande que había muerto y se despedía de algún modo de las cosas y los sueños en el amplio recinto de los últimos días de otro maestro.
Creo que cantamos esa noche de un modo especial, arrojados por emociones encontradas en charquitos de generosa vida de algún modo lograda. Conocimos allí gente que nos quería y se había emocionado con nuestra humilde obra; que un vals, una canción o una tonada les había regalado instantes de felicidad, ¿qué más puede pedir un creador de una lejana provincia andina?, confirmando entonces que las veces que le llegó de alguna parte del mundo la información de que lo hecho desde la inspiración noble y la humildad era un riacho que podía detenerse a brillar para gente de otros idiomas, otras civilizaciones. El amor contenido en la música es más poderoso de que lo que uno cree.
Por el Dr. Raúl de la Torre
Abogado, escritor, compositor, intérprete
