El 14 de febrero, Día de San Valentín, cuando se celebra el Día de los Enamorados. Fecha que siempre motivó historias de amores, algunos platónicos, otros imposibles. Siempre, el amor es más fuerte.

 

"El último. Sé que soy el último romántico, soy aquel que cuando da una flor, sin decir nada, sabe ver y comprender, por la emoción de tu rostro, y el temblor que hay en tus manos, si me amas". El eterno y empedernido romántico Nicola Di Bari, ya preveía a mediados del siglo pasado, si acaso no era él, y por extensión los hombres de su generación, los últimos especímenes de esa raza de amantes, fanáticos de las baladas que le cantan al amor romántico hacia una mujer. Una "antigüedad", que hoy parece trastabillar frente a la ola progre que cuestiona las costumbres, y revoluciona lo que desde la creación, identifica los conceptos de hombre, mujer, familia, hijos. Transformaciones que hasta se enseñan en las escuelas y que a los "viejos" nos hace pensar si no estamos ante un nuevo mundo, en el que impera el relativismo, y el subjetivismo.

El cantante y poeta Joaquín Sabina apareció a principios de este siglo con la canción "Contigo", que refleja esa especie de incertidumbre que plantean las nuevas relaciones. "Yo no quiero un amor civilizado, con recibos ni escenas de sofá". Tampoco quiere saber nada con el 14 de febrero, el día de San Valentín, cuando se celebra el Día de los Enamorados. Fecha que siempre motivó historias de amores, algunos platónicos, otros imposibles. Otros furtivos, amores de estudiante, "hoy un juramento mañana una traición" que cantaba Gardel. Otros pletóricos, de afiebradas horas de zaguán, de espera anhelante de esa hora en la cual "quedamos en vernos". De entrega total, de anillos, de sueños de piel de hijos y jardines. 

Amar es asumir el riesgo sentimental, "de que alguien nos importe y de que podamos importarle a alguien".

Entre el pasado y lo nuevo

Parece cosa del pasado y su añoranza puede parecer desubicada, a trasmano de los tiempos que corren. De la modernidad. No reniego de eso. He aprendido a lo largo de los años que el progreso es indetenible. Es así como se escribe la historia, y esa nostalgia por el pasado puede a lo mejor abrumarnos y hacer que el presente no sea vivido plenamente. Pero otórgueseme el beneficio de la duda. Lo nuevo ¿es siempre mejor, por el hecho de ser nuevo? 

Hoy nos sorprenden los adelantos asombrosos de la tecnología, la conectividad, y sus derivados. Las redes, el paseo pornográfico de seres exhibiendo su intimidad por la televisión, los accesos libres a sitios como Tinder y la posibilidad de encontrar el amor con "sólo haga click acá". Muñecas inflables. Mujeres inteligentes, simpáticas y bellas, de voz seductora, pero producto de un sistema operativo y que puedes llevar a tu sofá. Es la irrupción de la inteligencia artificial. Un robot que te asegura cero problema, cero compromiso, "sin recibos ni escenas de sofá", como anhelaba Sabina.

 

Las formas del amor

"Los lazos afectivos ya no nos oprimen; están tan deshilachados que estamos más cerca de que se corten que de que nos ahorquen", describe el psicoanalista Luciano Lutereu, autor del libro "El fin de la masculinidad". Se pregunta, ¿por qué los varones ya no buscan una esposa y prefieren asumir una actitud de seducción crónica? Y se pregunta también ¿por qué las mujeres, que quizás ya no esperan un príncipe azul, son nombradas sólo como amantes de ocasión?

El libro es un análisis inteligente sobre las formas del amor en este siglo. En él, se tratan los temas más cuestionados en la actualidad. Los que tienen que ver con la pareja, la familia y el erotismo. Formas de entender las relaciones efectivas entre ambos sexos, hoy en revisión. El anhelo de satisfacer un deseo, sin que esté en juego la libertad y los objetivos de realización personal. Formas de no caer en los vínculos rígidos de "otros tiempos", como el noviazgo y el matrimonio, y poner énfasis en mantener intocados conceptos como soltería, fidelidad y compromiso, sin que ello impida entregarse a la persona que en un momento determinado parece encajar en lo que pretendemos sea nuestra pareja. Lo que el autor Zygmunt Bautman denominó "amor líquido", haciendo referencia a la fragilidad de los vínculos sentimentales, sin raíces emocionales profundas, y así poder encajar en un entorno en constante transformación.

No desistir del amor

En fin, disquisiciones que ocupan la mente y tenemos a la vista el día de los Enamorados. Lo dicho es lo que ocurre, lo cual no quiere decir que va a condicionar a quien quiera festejar a pleno ese día, porque no piensa desistir del amor, del deseo y asumir el riesgo sentimental, "de que alguien nos importe y de que podamos importarle a alguien".

Esa resistencia a entregar las banderas del amor, que Di Bari enarbola preguntándose: "¿Por qué, si es la rosa una rosa y lo es desde siempre yo debo cambiar? ¿Por qué, si el mar y el cielo, el sol y el viento no cambian jamás? ¿Por qué si el amor es amor y lo es desde siempre yo debo cambiar? ¿Por qué si son ya tantas cosas que vamos cambiando, no cambia el amor?".