El gran crecimiento económico mundial en las últimas décadas, donde el PBI global pasó de 18 trillones de dólares en 1970 a 72 trillones en 2008, tuvo como contrapartida haber puesto en grave daño al ecosistema. Lo reconoció el presidente de EEUU, Barack Obama, al prometer duplicar en los próximos tres años la oferta de energías renovables y la mayor inversión en investigación básica de la historia: 150 billones de dólares en diez años.

Por su parte China, con crecimiento del 10% anual en los últimos 30 años, gracias a la inversión y la exportación, dijo que es insostenible ecológicamente y hará cambios.

Ya en 1972 se observó que el crecimiento podía destruir importantes sistemas globales; y que esa tendencia se potenciaría cada vez más en las siguientes tres décadas, al no ser sustentable. La advertencia fue calificada de exageración, pero el tiempo reveló que no lo era.

En la Cumbre Mundial de Energías Futuras, en Abu Dhabi, se afirmó que con un crecimiento de 1,3% anual hasta 2030 de la demanda mundial energética, cada siete años debía agregar la producción petrolera actual de Arabia Saudita y, para entonces, se incrementaría en 6º C en la temperatura del planeta.

También se estableció la necesidad de modificar la matriz energética para un nuevo sistema de comercio internacional, más racional y medido, en las transferencias de bienes físicos.

Los países desarrollados deberán tomar conciencia del alto riesgo climático e implementar sistemas no contaminantes para evitar daños irreparables al planeta.