La experiencia demuestra que cuando se pone lo personal sobre la obra que se ejecuta, algo no anda bien y hasta se complica el panorama general. Es decir, el personalismo puede deformar la realidad de manera poderosa.

Un ejemplo contundente. En los últimos diez días, la Argentina se vió envuelta en una suerte de juego sin códigos sobre Diego Maradona, la incógnita era si seguiría siendo o no el director técnico de la selección argentina, tarea en que no cumplió con las expectativas que había para el mundial de fútbol.

Los hechos se precipitaron -como todos saben- y Maradona dejó de ser el director técnico y jefe del seleccionado argentino. En las declaraciones que se escucharon para justificar esta medida se repitió que Maradona era inflexible y se pusieron ejemplos sobre esa actitud. Y ser inflexible es plantarse en una decisión y no dejar que nadie penetre en ella le convenga o no a un club o a una sociedad. El líder fija ésta determinación porque siente que tiene en sus manos la mejor de las armas, la popularidad.

Actúa el amor propio por sobre todo. El amor propio ya que "los que nunca varían de opinión se aman a sí mismos más que a la verdad”, según Joseph Joubert, escritor y crítico francés.

Hay una larga historia de la devoción de muchos argentinos por sus deportistas aunque con variantes según su conducta profesional y ética y su forma de ser desde el campo del deporte hacia afuera.

Basta recordar el fervor popular por dos boxeadores Ringo Bonavena y Carlos Monzón. La gente los siguió y de alguna manera los endiosó pese a que ambos tuvieron un final poco feliz.

Y, así como se recuerda a algunos fervorosamente hay un cierto olvido para gente que hizo mucho por los argentinos desde la medicina y de la ciencia. Justo en estos días se cumplen diez años de la muerte del doctor René Favaloro.

El culto a la personalidad, o culto a la persona, es una adulación excesiva a un líder vivo, carismático y por lo general unipersonal, especialmente cuando están frente a sectores populares.

La génesis de un concepto. El culto a la personalidad (como concepto influido por Nikita Krushchev en su discurso en el año 1956 en la 20ma. Convención del Partido Comunista de la Unión Soviética) es una elevación en dimensiones religiosas o la admiración a nivel de religión de figuras líderes carismáticas en la sociedad o la política. En las dictaduras es a menudo una forma de culto a la persona del dictador.

Algunas de las características fueron y son exagerada devoción de muchas personas a el líder lo cual conduce a una recepción sin crítica de las expresiones en la opinión pública de la persona admirada, presencia exagerada de imágenes, fotografías y eslogans en escuelas, edificios y en los medios masivos y elaboración de relaciones (absurdas desde un punto de vista crítico) entre el líder y todos los aspectos de la vida.

La verdad es otra. Porque la vida es otra cosa, no es de ninguna manera un juego de elogios y o de agravios. Por el contrario es la exigencia natural de poder encontrar el punto medio -o equilibrio- en cada situación de competitiva.

En estos días hemos visto actitudes exageradas en el caso Maradona que no titubeó en hacerse un viaje a Venezuela para estar con Chávez y expresar que estaría con él "hasta la muerte”.