Si bien el importante fenómeno religioso-antropológico de la Difunta Correa es uno de los más conocidos y con mayor cantidad de creyentes, hay otros más en Latinoamérica, que tienen semejanza y la misma dinámica cultural que el caso del culto sanjuanino. Uno de ellos es la devoción que el pueblo le rinde a Sarita Colonia, en Perú. El culto también es un caso concreto de canonización popular, culto a las ánimas, o culto "autóctono emergente” como últimamente lo denominan los antropólogos más versados en el tema.
Esta devoción popular tiene los rasgos propios que ostentan otras, como sus ritos, las promesas, el temor al castigo si no se cumple con lo prometido, y la muerte injusta o envuelta en circunstancias trágicas. La historia de esta mujer, que tuvo existencia real, no ha sido reconstruida aún en detalle. Según los pocos estudios que sobre ella hay, fue una joven nacida en 1914, perteneciente a una familia humilde, oriunda de una ciudad peruana llamada Huaraz. En este lugar poco tiempo estuvo, ya que emigró junto a su familia a Lima, en busca de mejores horizontes laborales. En la capital peruana llevó una vida dura, mucho trabajo poca paga, y privaciones de todo tipo. Trabajaba de sol a sol como empleada doméstica y también vendiendo ropa en la calle. En estas penurias sobrevino el fallecimiento de su madre, razón ésta que la llevó a trabajar aún más para mantener a sus hermanos, ya que su padre se casó nuevamente, quedando Sarita a cargo del grupo familiar. Aún en estas circunstancias, relatan sus pocos biógrafos, la joven de alguna manera u otra ayudaba a los menesterosos, ofreciéndoles comida o ropa.
En 1940, cuando sólo tenía 26 años murió, no se sabe con certeza de qué, algunos expresan que fue de paludismo. Su cuerpo fue sepultado en una fosa común, en un cementerio de El Callao, conocido popularmente con el nombre de "Pampa Santa”. Justamente en ese lugar, ya habían sido enterradas otras personas, cuyas muertes generaron cultos ya que se consideran "almas milagrosas”.
Después de su prematura muerte, sus familiares y amigos comenzaron con la costumbre de dejar velas y flores, y como sucede en estos casos se corrió la voz de que era milagrosa, aumentando notoriamente la asistencia de devotos. Poco tiempo después se levantó sobre su tumba una especie de mausoleo. Así surgió este culto popular que actualmente esta atendido por la "Sociedad Comunitaria de Sarita Colonia y el Corazón” y también por los propios hermanos, ya longevos, de la joven.
En Perú su culto es muy conocido, cuya imagen, reconstruida a partir de una foto de ella y algunos datos de su vida, es común verla en los ómnibus públicos. Los creyentes más asiduos son marginales, contándose entre ellos a gente de mal vivir.
Como expresa un investigador llamado Alejandro Ortiz, "la devoción de Sarita Colonia se inscribe en la tradición católica a las almitas milagrosas, pero también a una cierta tradición andina de culto a los muertos que murieron violentamente”.
