Estamos viviendo el tiempo de cuaresma, tiempo especial para cambiar el corazón y volver al camino de Dios. Convertirse es volver el rostro a Dios y levantar la cabeza para darnos cuenta que siempre está con nosotros. La Sagrada Escritura nos brinda 3 medios de piedad que se realizaban en el pueblo de Israel para reanudar el vínculo con Dios y con los hermanos y que son reasumidos por Jesús dándole una luz nueva: la oración, el ayuno y la limosna. Tres prácticas de piedad para reordenar nuestra vida. Pero nos queremos detener dentro del ayuno en la cuestión de la abstinencia de carne.
¿Por qué la carne?
En la Biblia no encontramos una norma del abstenerse de comer carne. En varios pasajes se habla del sacrificio de los animales y su significado oferente a Dios y se pauta que parte del animal debe comerse al reunirse en familia a celebrar las fiestas de Pascuas. Pero no se detalla días de la semana para abstenerse.
En el Antiguo Testamento no hay una connotación negativa donde se diga que el comer carne sea motivo de pecado y de alejamiento de Dios y de los hermanos. La carne fue creada por Dios y en sí misma es un elemento material bueno y permitido por Dios como medio de alimentación. Al crear las aves del cielo, los peces del mar y los animales del campo terminan los relatos del Génesis diciendo: “Y vio Dios que todo era bueno” (1,1-29).
En el Nuevo Testamento, en Mateo 5, donde Jesús habla del significado de la Nueva Ley, después de las Bienaventuranzas, se refiere al hacer oración, ayuno y limosna, pero nada se dice sobre la abstinencia de carne. San Pablo es quien va hablar de la “carne” (sarx) como contraria al espíritu de Dios. No se refiere a la carne como alimento del ser humano sino la carne como término que designa todas las formas de concupiscencia que llevan al hombre a vivir de acuerdo a los intereses del mundo vanidoso movidos por el mal.
La carne es para Pablo el modo de vivir sin Dios, el corazón del hombre que está perdido por las seducciones del mundo contrarias al Espíritu de Dios que mueve al hombre hacer el bien. Carne para Pablo es la sede, el lugar donde anida y se gesta lo contrario al pensamiento y a las acciones de Dios.
La Iglesia sugiere, no obliga, los viernes de cuaresma y el Viernes Santo hacer abstinencia de carne porque la carne es un plato rico y más atractivo que otras comidas. Sobre todo aquí en Argentina donde somos un pueblo carnívoro. Da la sensación que no comer carne es no haber comido. Comer un buen asado es más sabroso y rico que comer una tarta de verduras u otras cosas sin carne. La iglesia propone esta práctica más propia de Argentina para hacer un pequeño ofrecimiento a Dios de sustituir por otra cosa como un pequeño sacrificio a Dios.
Actitud espiritual
La abstinencia en realidad no está puesta en la carne como tal sino en la actitud espiritual que en estos días sagrados no pasen así nomás sino descubriendo a Dios en nuestra vida y ofreciendo un pequeño sacrificio por nuestras faltas y por los pecados del mundo entero. Ofrecer un sacrificio a Dios tiene como fin refrenar nuestros antojos desordenados y no vivir para nosotros mismos. Reordenar y ser dueño de nuestros propios antojos no es fácil. Manejar la voluntad poniéndonos frenos para hacer un poco de sacrificio no es tan sencillo. Nuestros gustos nos orientan hacia donde ellos quieren. Abstenerse de carne o sustituir por otro sacrificio tiene detrás todas estas significaciones. Algunos monjes mantienen la práctica de no comer carne como una forma de que el espíritu se mantenga siempre suelto para Dios y más libre para meterse en la vida espiritual y en el encuentro con Dios.
La Iglesia propone los viernes de cuaresma y todos los viernes del año. Viernes porque Jesús murió un Viernes Santo, y este día merece un respeto y un amor especial a Dios. Lo importante más allá de abstenerse de carne y otro sacrificio es el interior, el propio corazón. De nada serviría comer carne si somos personas con un corazón malo.
Por P. Fabricio Pons
Párroco Santa Bárbara de Pocito
