En el caso cubano, a la ola de restricciones, detenciones y encarcelamientos de miles de disidentes en lo que va del año, se sumó el miércoles último el arresto de Orlando Luis Pardo Lazo, un reconocido bloguero, a quien liberaron casi a media noche, nueve horas después.

Pardo, fotógrafo y escritor, ya había anunciado su detención y que estaba siendo vigilado a través de Google Voice, mientras que su colega, Yoani Sánchez, la denunció apenas ocurrió. Probablemente se trató de una "detención preventiva”, ya que Pardo estaba por participar como moderador de una mesa redonda sobre el Nuevo Pensamiento Cubano, a través del Proyecto Estado de Sats, que promueve ideas y discusión abierta de la realidad de la isla, es decir, malas palabras para el régimen castrista.

Según reportes de El Nuevo Herald, de Miami, junto a Pardo fueron arrestados "su novia, Silvia, Manuel Cuesta Morúa, líder del partido Arco Progresista y otras personas no identificadas. Todos fueron trasladados a la unidad policial de El Cotorro, según explicó Roberto de Jesús Guerra, director de la agencia de información Hablemos Press, radicada en La Habana”. Las autoridades cubanas -según el periódico- han reforzado la vigilancia de periodistas independientes, opositores y activistas de derechos humanos en ciudades como La Habana, Holguín y Santa Clara.

La situación coincide con informes sobre la ola de operativos por parte de la policía y la Seguridad del Estado cubano contra reconocidas figuras de la disidencia y jóvenes artistas. Es una lástima que las violaciones a los derechos humanos y a la libertad, temas tan preciados en el mundo libre, no sean un condicionamiento para que los países restrinjan su ayuda económica a naciones como Cuba.

La cultura del miedo

El presidente venezolano Hugo Chávez, todo un experto en procesos y campañas electorales, referéndums y consultas, sabe muy bien que para ganar, la estrategia es infundir miedo en la población. El líder bolivariano, siempre cercano a las elecciones y tratando de atraer la atención con sensacionalismo, profundiza las diferencias con los opositores diciendo que si éstos ganan, el país quedará envuelto en una guerra civil o, al menos, sumergido en una profunda desestabilización.

Sus comentarios del lunes último sobre que el candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, tendría bajo la manga un "paquetazo neoliberal oculto” y que "pretende retrotraernos a una Venezuela que ya no resistiría esto y entraría de nuevo en un nefasto escenario, en una profunda desestabilización (…) que nos acercaría a lo mejor hasta a una guerra civil”, forman parte de una de sus tácticas más comunes para desacreditar al adversario e infundir miedo en la población.

Creo que después de 13 años a lo más que le teme Chávez -y esto es regla sobre los gobiernos autoritarios que permanecen más de ocho años- es a perder los privilegios y verse de cara frente a la justicia.

Cuanto es más absolutista un gobierno, más se aferra al poder a través de populismo y la propaganda, e infundiendo el miedo ante los posibles cambios de rumbo.