
En artículos anteriores, nos referíamos al amor matrimonial, según el capítulo IV de "Amorislaetitia", del papa Francisco. Queremos ahora reflexionar sobre la decimotercera característica del amor (1 Cor 13,4-7), el amor "todo lo soporta", "todo lo tolera".
El amor verdadero "no consiste sólo en tolerar algunas cosas molestas, sino en algo más amplio: una resistencia dinámica y constante, capaz de superar cualquier desafío", es decir, "sobrelleva con espíritu positivo todas las contrariedades" (AL,118). ¡Cuántas cosas deben soportarse en la vida matrimonial! Es posible que haya ofensas y peleas. Por eso, es importante ser fuertes para parar el ciclo del mal. Una ofensa no ha de responderse con otra ofensa, es preciso parar y responder con el perdón. Sólo el amor es posible de hacerlo. Vivir ese amor, es irse identificando con Cristo que nos amó hasta la muerte. Hay que "amar hasta que duela", expresa la Madre Teresa de Calcuta.
Amar de esta manera "es mantenerse firme en medio de un ambiente hostil" (AL,118), aun cuando todo el contexto invite a otra cosa. En un mundo donde reinan el egoísmo y la "cultura del descarte", el amor auténtico se presenta como el olvido de sí mismo, el pensar en la felicidad del otro y, si es preciso, en entregar la vida por esa causa. Es el amor de Jesús por cada uno de nosotros: "Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15,12-13).
"En la vida familiar hace falta cultivar esa fuerza del amor, que permite luchar contra el mal que la amenaza. El amor no se deja dominar por el rencor, el desprecio hacia las personas, el deseo de lastimar o de cobrarse algo. El ideal cristiano, y de modo particular en la familia, es amor a pesar de todo. A veces me admira, por ejemplo, la actitud de personas que han debido separarse de su cónyuge para protegerse de la violencia física y, sin embargo, por la caridad conyugal que sabe ir más allá de los sentimientos, han sido capaces de procurar su bien, aunque sea a través de otros, en momentos de enfermedad, de sufrimiento o de dificultad. Eso también es amor a pesar de todo" (AL,119).
La prueba del amor es la capacidad de dar la vida por el amado. Evidentemente, esto "manifiesta una cuota de heroísmo tozudo, de potencia en contra de toda corriente negativa, una opción por el bien que nada puede derribar" (AL,118).¿Por qué esa entrega y donación? Porque el amor es sacrificio. De modo que si se quiere saber cuánto se ama, se debe preguntar cuánto se está dispuesto a sacrificarse por el amado. El ejemplo a imitar por los esposos es Jesús crucificado, que, desde la Cruz, da su vida por nosotros, nos está amando y perdonando.
El amor que todo lo soporta es, pues, la decimotercera característica del amor conyugal.
Por Ricardo Sánchez Recio
Lic. en Bioquímica. Orientador Familiar. Profesor
