La paternidad es uno de los dones más sagrados dentro de la unidad conyugal.

 

El papa Francisco en su magisterio sobre "la alegría del amor" (Amoris laetitia) nos continúa iluminando sobre el amor que es responsable en la transmisión de la vida. Aclara Francisco que la generosidad en la transmisión de la vida no es irresponsabilidad: "no implica olvidar una sana advertencia de San Juan Pablo II, cuando explicaba que la paternidad responsable no es procreación ilimitada o falta de conciencia de lo que implica educar a los hijos, sino más bien la facultad que los esposos tienen de usar su libertad inviolable de modo sabio y responsable, teniendo en cuenta tanto las realidades sociales y demográficas, como su propia situación y sus deseos legítimos" (AL,167).

La Iglesia propone, para la "regulación de la procreación" (Catecismo,2368) y la "paternidad responsable", espaciar los nacimientos de los hijos mediante la "continencia periódica" (Catecismo,2370) ejercida con "métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos, conformes a los criterios objetivos de la moralidad".

Escribe Francisco: "se ha de promover el uso de los métodos basados en los ritmos naturales de fecundidad (Humanae vitae,11). También se debe hacer ver que estos métodos respetan el cuerpo de los esposos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen la educación de una libertad auténtica (Catecismo,2370), insistiendo siempre en que los hijos son un maravilloso don de Dios, una alegría para los padres y para la Iglesia. A través de ellos el Señor renueva el mundo" (AL,222). 

"De acuerdo con el carácter personal y humanamente completo del amor conyugal, el camino adecuado para la planificación familiar presupone un diálogo consensual entre los esposos, el respeto de los tiempos y la consideración de la dignidad de cada uno de los miembros de la pareja. En este sentido, es preciso redescubrir el mensaje de la Encíclica Humanae vitae (cf. 10-14) y la Exhortación apostólica Familiaris consortio (cf. 14; 28-35) para contrarrestar una mentalidad a menudo hostil a la vida […] La elección responsable de la paternidad presupone la formación de la conciencia que es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que este se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella (GS,16). En la medida en que los esposos traten de escuchar más en su conciencia a Dios y sus mandamientos (cf. Rm 2,15), y se hagan acompañar espiritualmente, tanto más su decisión será íntimamente libre de un arbitrio subjetivo y del acomodamiento a los modos de comportarse en su ambiente" (AL,222).

 

 

Por Ricardo Sánchez Recio
Orientador Familiar. Bioquímico legista. Profesor en Química.