Esta semana se presentó en Buenos Aires el estudio de la comisión de educación del Diálogo Interamericano, una ONG con sede en Washington integrada por personalidades y expertos del ámbito de la enseñanza, que propone una serie de reformas en áreas clave de la política educativa. Dos prioritarias corresponden a la inversión en desarrollo infantil temprano, etapa que condiciona todos los desempeños escolares futuros, y la profesionalización de la docencia.

Según las conclusiones, la docencia en América latina se caracteriza por los bajos niveles de conocimiento, prácticas pedagógicas poco efectivas y serios problemas de motivación y gestión. Este déficit de calidad alcanza a los siete millones de docentes que se desempeñan en la región, que representan el 4% de la fuerza laboral total y el 20% de los trabajadores técnicos y profesionales.

Cuando el ejercicio en el aula es poco eficiente, los perjudicados son los chicos ya que los docentes dedican un 65% o menos del tiempo de clase a la enseñanza propiamente dicha. Pero el caso argentino es uno de los más preocupantes porque los maestros en formación afrontan apenas unas 35 semanas de práctica en toda la carrera, poco si se la compara con la formación docente en Cuba -excepción en la región-, con 140 semanas obligatorias de prácticas y un 72% del tiempo de formación. Fuera del continente, Finlandia ocupa un tercio de los estudios para maestro concentrados en la práctica. Por eso ningún plantel docente latinoamericano puede ser calificado de alta calidad.

Lo grave es que las reformas educativas son medidas cortoplacistas en lo tecnológico, que buscan rédito político antes que pedagógico, en vez de poner las tecnologías al servicio de los aprendizajes, orientar el sistema educativo hacia aprendizajes relevantes para este siglo, que mejore la inserción laboral de los graduados. Y sin un esquema de financiamiento sustentable social y fiscalmente enfocado a proyectos que aseguren retornos en términos de calidad.

El balance no puede ser peor: en América latina, en promedio, los alumnos de 15 años de edad tienen 5 años de retraso escolar en comparación con los chicos de Shanghai, galardonados con el primer puesto en la evaluación internacional de alumnos secundarios. Dentro de poco se sabrá cómo le fue a la Argentina en la última prueba PISA, donde el país se ubicó entre los peores de la región con 388 puntos, muy lejos del líder, Shanghai, con 613 puntos.