La semana pasada se cumplieron 50 años de la boda de los reyes Juan Carlos y Sofía de España. La Casa Real confirmó que no habrá celebración, aunque no dio los motivos. Los españoles saben que la pareja no se habla desde hace tiempo y en Italia hablan de "dos reinas de España".

Aquel 14 de mayo de 1962 encontraba a España bajo la dictadura de Francisco Franco y por ello la boda debió realizarse fuera del país, en Atenas, Grecia, lugar de nacimiento de la entonces princesa Sofía, primogénita de los reyes griegos Pablo y Federica. La pareja había nacido de un encuentro provocado por la reina Federica, quien, como se acostumbraba después de la Segunda Guerra Mundial entre las monarquías europeas, organizó un crucero "para que se conozcan los príncipes y princesas casaderas".

Aquel primer acercamiento, sobre aguas del mar Egeo, tuvo lugar en 1954. Luego volvieron a verse a principios de los años ’60 en dos bodas reales, donde nació y creció el amor entre Sofi y Juanito como se llamaban entre ellos. El 14 de mayo de 1962, cuando se formaliza la unión, él tenía 24 años y ella, 23. Más de 130 miembros de las distintas casas reales reinantes y no reinantes de Europa acudieron al enlace que acaparó las portadas de las principales revistas de entonces en el Viejo Continente. Luego vino la decisión de Franco de nombrar a Juan Carlos su sucesor "a título de rey" (1969), y comenzaron a vivir en Madrid, en el palacio de la Zarzuela, acondicionado para tal fin. Se sucedieron los años y nacieron tres hijos de la pareja principesca: las infantas (denominación que en España se da a las princesas reales) Elena (1963) y Cristina (1965), y el príncipe Felipe (1968). Crecieron bajo la atenta mirada de los españoles y de los medios de comunicación y la imagen de la familia real parecía perfecta hasta que llegaron los noviazgos y las bodas de los hijos.

A pesar del claro perfil republicano que no perdieron nunca los españoles, hasta ahora "aprobaban" por gran mayoría el papel del rey constitucional Juan Carlos, considerado "árbitro" ante eventuales enfrentamientos políticos o sociales y "primer embajador de España", rol que éste maneja muy bien, en muchos casos intercediendo a pedido del Gobierno con jefes de Estado del resto del mundo, como sucedió hace poco, sin éxito, con el caso Repsol, cuando llamó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para evitar la expropiación de los intereses de la empresa española en YPF. Pero los aparentes amoríos de Juan Carlos, primero con una empresaria mallorquina, separada y sin hijos (comienzos de los ’90), luego con artistas muy conocidas, según versiones de la prensa del corazón nunca confirmadas, y ahora con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, princesa alemana 28 años menor que Juan Carlos, terminaron por explotar la paciencia de la reina Sofía y de muchos españoles. Esta última relación se descubrió durante el reciente y criticado viaje a Botswana, África, para cazar elefantes, en el que tuvo un accidente, y por el que gastó 46 mil euros en medio de la peor crisis económica de España en décadas, razón por la que pidió perdón a los españoles. A esto se suman la separación matrimonial de la infanta Elena (2009), el escándalo de corrupción financiera del marido de la infanta Cristina (2011), el accidente de su nieto Felipe Juan Froilán (hijo de Elena), a quien se le disparó su escopeta hiriéndose en un pie y los trascendidos sobre las malas relaciones de Letizia, esposa del príncipe Felipe y futura reina consorte de España, con sus cuñadas Elena y Cristina. Mientras tanto, a pesar de la bronca de la reina, ésta se mantiene firme como "gran profesional" que ha demostrado ser, según la calificó el propio monarca en el libro "El Rey" de José Luis de Vilallonga, hace varios años. "Hay que salvar la monarquía" es la consigna de ambos, especialmente de la soberana, por lo que si no se hablan desde hace tiempo en su hogar, como se asegura, hay que sonreír y si es posible tomarse de la mano en público "por el bien de los españoles". Por otra parte, los problemas conyugales han sido una constante histórica en los matrimonios reales de los borbones (dinastía a la que pertenece Juan Carlos). Sin embargo, mientras en Italia hablan de "dos reinas de España" aludiendo a la amiga del rey, en España ya hay voces que reclaman un referéndum para preguntarle a los ciudadanos si quieren que continúe la monarquía. Y, mientras los más duros advierten que es una anacronía mantener la monarquía, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, ha defendido al rey argumentando que es "el mejor embajador" y el que más se preocupa por Iberoamérica.

La monarquía hereditaria constitucional española está debilitada, pero no herida de muerte. Al rey le pueden perdonar todavía algún otro traspié, pero a su heredero Felipe no le perdonarían uno solo, porque tiene todavía que ganarse con su acción el cariño de los españoles.