Las fluctuaciones en los precios del comercio intencional de materias primas hicieron variar las estimaciones de crecimiento económico de América latina, durante el presente año, de acuerdo a las proyecciones de las variables elaboradas por el Fondo monetario Internacional (FMI) y de las principales consultoras que vienen observando el comportamiento de los índices en el primer trimestre de 2914.

En el informe de abril último sobre las perspectivas económicas de la región, presentado ayer en Madrid por el Departamento el Hemisferio Sur del FMI, los técnicos del organismo mundial señalaron que se está produciendo una "desaceleración importante”, en el crecimiento del 2,5% anunciado para 2014, considerado el más bajo de los últimos 10 o 12 años.

Este diagnóstico, a modo de alerta, recomiendo a todos los países ser prudentes en el dictado de políticas fiscales, vigilar las vulnerabilidades financieras y estimular el crecimiento a través de un eficiente gasto social para enfrentar esta coyuntura que ralentiza el ritmo de crecimiento anual. Por ello los analistas ponen énfasis al señalar la necesidad de evitar la alta presión impositiva que recae sobre la producción y servicios, de la misma manera que sugiere recortar el gasto en subsidios que además de ser muy elevados, distorsionan la actividad económica, como ocurre en nuestro país, Bolivia, Ecuador o Venezuela, citados en el informe.

No obstante esta desaceleración, Latinoamérica está ahora en mejores condiciones para hacer frente a las repercusiones negativas de los mercados, ya que la mayoría de los países de la región han logrado una sólida estabilidad financiera, fiscal y monetaria, después de años de bonanzas. Las últimas crisis financieras y el acotamiento del comercio internacional no hicieron mella en las estructuras económicas. Es más, los técnicos citan ejemplos de muchas naciones con niveles de reservas que les permitirían mantener políticas fiscales y poner en marcha medidas contracíclicas en momentos de menor crecimiento.

La lectura del informe técnico tiene una lógica inapelable, más allá de lo que dicen los números. Si se quiere estimular el crecimiento, el sentido común apunta a evitar el excesivo gasto público, atenuar las medidas impositivas y apoyar a la productividad con estímulos de promoción.