
Una reciente encuesta muestra que más de un 50% de los ciudadanos disculpa las transgresiones sociales y a las leyes cuando significa lograr algún beneficio. Sin embargo, lamentablemente existe una sentencia popular, generalizada en el seno de la sociedad argentina, según la cual éste no es un tema por el que haya que preocuparse demasiado. El "roban pero hacen” no es una ocurrencia más o menos graciosa o pasajera, sino, por el contrario, una idea fuertemente arraigada, que incluso ha servido para tolerar o disculpar constantes violaciones a las leyes. Ahora, una encuesta realizada por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, nos devuelve una mirada hacia el interior de nuestra sociedad y, tristemente, la realidad no parece ser demasiado distinta: uno de los datos más relevantes es el que indica que el 55 por ciento de los sanjuaninos tolera la corrupción si se mejora la economía.
De los datos surge la profunda contradicción en la que vivimos los ciudadanos, desde el momento en que creemos que se debe actuar de determinada manera, pero elegimos el camino totalmente opuesto. Por eso, el 56 por ciento de los consultados estima que el nivel de corrupción es alto en el país, pero, como ya señalamos, el 55% considera "aceptable” que un político sea corrupto si "mejora la economía o soluciona problemas de la gente”. Y aunque el 26% cree que la mayor parte de esa corrupción se da en el ámbito político, seguido por el policial (16%) y el sindical (13%), la mayoría (43%), sin embargo, opina que la corrupción "se da en todos los ámbitos por igual, inclusive en lo social”. Finalmente, casi el 60 por ciento de los encuestados coincide en no considerar grave y calificar de "aceptable” dar dinero a alguien para evadir el pago de impuestos u otro gravamen. Varias son las conclusiones que pueden sacarse: es muy preocupante un escenario social en el que el 48 por ciento de los ciudadanos considera admisible violar la ley "en ciertas ocasiones”, y un 50% cree que podría cometer un acto de corrupción si obtuviera a cambio un importante beneficio económico, del mismo modo que es llamativo el incremento del nivel de tolerancia pública a la corrupción de la clase política en los casos en que los políticos realizan una buena gestión. Recordaba un filósofo que alguna vez leí (Santiago Kovadloff,), "es la hora triunfal de la simulación y de la estafa…”). Hoy los grandes postergados son también los que reclaman que la ley despierte y proceda”. Es decir, como nuestra sociedad carece de ejemplos que se brinden desde las máximas autoridades de la Nación y, por eso mismo, los grandes problemas argentinos – inflación, corrupción, inseguridad, droga, desempleo, etcétera -, nunca son nombrados, sino ignorados, gran parte de los ciudadanos no tiene inconvenientes en elegir transgredir la ley, porque no hay punición concreta para el que lo haga y porque considera que es la única vía para obtener lo que necesita.
Cuando un país vive en la corrupción estructural y en la impunidad generalizada, la corrupción mata y la impunidad asesina. Un Estado ausente, y protagonista y cómplice en la transgresión de la ley, se corresponde con una sociedad permisiva y "distraída”, que cada día y en los hechos acepta vivir dentro de esa corrupción, no importa las terribles consecuencias que ello implica. Civismo y defensa de lo republicano es lo que tanto necesita aprender esta, nuestra sociedad, para vivir en una verdadera democracia.
Por Jorge Reinoso Rivera
Periodista en Defensoría del Pueblo
