El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, logró una contundente victoria electoral, que le permitirá gobernar al menos hasta 2013. La incógnita que plantea sobre Ecuador es cómo este mandatario, un virtual desconocido hace poco más de dos años, se convirtió en un fenómeno político con un carisma y una popularidad sin precedente en los últimos 30 años.

En un país marcado por la inestabilidad, por un sistema político corrupto y una enorme crisis de representación, Correa supo canalizar el descontento del electorado enarbolando, desde los inicios de su carrera, una propuesta de profundas transformaciones del Estado y el ataque frontal a los partidos tradicionales y a los grupos de poder económico. La inversión social, una política económica nacionalista, la posición antinorteamericana, un marcado enfrentamiento al neoliberalismo y fervor por la integración latinoamericana marcaron estos primeros años de gobierno. Para restablecer el orden, Correa impuso un gobierno duro, que sus opositores tildan de autoritario. Pero lo que es "totalitario" para sus detractores es "tenaz" para sus seguidores.

Este economista de 46 años, formado en Estados Unidos y Europa, acusa a sus rivales de ser la corrupta elite del pasado que arruinó al país entregando las riquezas nacionales a inversores extranjeros, con los que ahora él negocia con una postura mucho más agresiva. Desde su llegada al poder, el presidente ecuatoriano se ocupó de sepultar la denominada "partidocracia", tal como llaman en ese país al juego de los partidos políticos tradicionales, y blindó al Estado para futuras luchas políticas que pudieran terminar con la salida abrupta de los gobiernos. Mediante la reforma constitucional, que formaba parte de su plataforma de campaña en 2006, el presidente logró desarticular a los viejos partidos, que llegaron vacíos a las elecciones del domingo pasado.

El enorme capital político de Correa le ha permitido tomar decisiones que hicieron mucho ruido, como por ejemplo, declarar la moratoria de casi el 32% de la deuda externa, estimada en 10.090 millones de dólares, por considerarla "ilegal e ilegítima". La figura cercana y emocional del presidente con su pueblo ha hecho que en pocos años los ecuatorianos pasaran de preguntarse cuándo caería el presidente de turno a cuánto más durará el actual en el poder.

Habrá que esperar para que el tiempo diga si la llamada "revolución ciudadana" de Correa, de fuerte avance en el plano social y que deja en manos del Estado los sectores de la economía, podrá seguir avanzando en tiempos de crisis global.