El devastador terremoto de Chile, del sábado último, que arrojó un saldo de más de 700 muertos y 2 millones de damnificados, enciende una luz de alerta en poblaciones como la de San Juan donde estos acontecimientos pueden ocurrir de un momento a otro. Los controles en la construcción de viviendas y obras de infraestructura; la prevención respecto de los servicios de salud y de otros que son básicos para la comunidad, y la preparación de planes de evacuación y programas de ayuda a la ciudadanía, son aspectos que deben estar en la consideración permanente de quienes les corresponde intervenir a la hora de una catástrofe.
La edificación es uno de las primeros ítems en los que hay que poner énfasis preventivo, ya que de acuerdo a como se construya se podrán salvar numerosas vidas durante un terremoto. En San Juan contamos con normas vinculadas a la construcción sismorresistente que de cumplirse aseguran a los ocupantes de casas y edificios la posibilidad de ponerse a salvo antes de que la destrucción los afecte.
Desde la época del Consejo de Reconstrucción, artífice de forjar la ciudad de San Juan después del terremoto de 1944, y de las pautas incorporadas después del terremoto de Caucete de 1977, se cuenta con un sistema de construcción que ofrece altos porcentajes de seguridad. Lo que preocupa es la gran cantidad de viviendas, que a pesar de haber soportado varios movimientos telúricos, no han sido concebidas mediante esas normas y las que eventualmente, hasta la fecha, se construyen evadiendo los controles de la Dirección de Planeamiento y Desarrollo Urbano. Esto se puede observar en numerosas barriadas tradicionales de Capital. De la misma manera hay casas de adobes o de material que no son sismorresistentes en departamentos de la zona cordillerana, incluyendo Jáchal.
Tenemos sobrados ejemplos de las ventajas que ofrece una construcción correcta, por lo que un relajamiento en el control del cumplimiento de las normas de Planeamiento y del Inpres (Instituto de Prevención Sísmica), representa un serio riesgo que no deberíamos afrontarlo.
Respecto de un plan de emergencia ante eventuales desastres naturales, la organización y la prevención son las mejores herramientas para enfrentar la improvisación causante del caos que puede implicar mayor peligro que el propio evento natural. Vivimos en una zona sísmica por lo que no podemos dejar de estar preparados para afrontar los designios de la naturaleza.
