Australia podría tomar acciones directas contra Japón, por no respetar el fallo que condena su programa "científico” de caza de ballenas en aguas antárticas, una maniobra que Tokio viene practicando impunemente. Ha quedado demostrado que lejos de los supuestos estudios científicos, los cetáceos terminan en el consumo de la población como plato tradicional.
En marzo de 2014, la Corte Internacional de Justicia ordenó a Japón que revoque los permisos de caza de ballenas en la Antártida por considerar que el programa no se ajustaba a los fines científicos establecidos por la Comisión Ballenera Internacional. Fue en respuesta a una demanda presentada por Australia. No obstante, Japón considera que la jurisdicción del tribunal de la ONU no se aplica a ninguna investigación en materia de conservación, gestión o explotación de recursos vivos marinos, por lo que planea reanudar unilateralmente la caza de ballenas en la Antártida a finales de este año previendo una matanza anual de 333 ballenas minke entre 2015 y 2027.
Las autoridades australianas ya discutieron con sus pares nipones el fallo de la Corte de la ONU y han pedido asesoría legal sobre la implicación de las acciones de Japón, en tanto la Sociedad Australiana de Conservación Marina denunció ante la comunidad internacional el total desacato japonés al fallo del Tribunal y la posibilidad de que retome la caza de ballenas en unas semanas.
Japón firmó la moratoria total de la captura de ballenas con fines comerciales en 1986, pero al año siguiente inició las "capturas científicas” amparándose en el artículo VIII de la Convención Ballenera Internacional de 1946. Un ardid para seguir depredando los mares con fines comerciales.
