Nuestra conciencia es reveladora de la existencia que tenemos, de nuestro estado de conciencia por el que nos reconocemos presentes y conscientes, es decir, reflexivos, despiertos y sabedores, por lo que no podemos alegar nuestra duda como desconocimiento e inseguridad al momento en que nos expresamos como seres existentes, con un fin y hacia un sentido de eternidad.

De no ser así, la necedad, insensatez, absurdo y torpeza, inundaría y obscurecería no solo nuestra razón sino también nuestro corazón y destino. Cada acto que el hombre produce diariamente, participa del estado de conciencia reveladora. Esto asesta un duro golpe al escéptico y a los mediáticos que adoptan como fin último cada éxito al conseguir algo que les signifique un beneficio. Experiencias significativas nos muestran como esa conciencia se encuentra desplegada por toda la naturaleza. A continuación solo citare algunos ejemplos que he podido rescatar en observaciones realizadas: en una oportunidad un perro arrastraba de la carretera a su compañero atropellado y ladra a su lado yaciendo ante él, una tortuga hace un importante giro y fuerza para dar vuelta a su compañera tumbada lográndolo, una perrita atada alcanza un pollito con su hocico y lo toma con su boca adoptándolo de compañía en su cucha y lo abriga con su cuerpo, una persona en estado pensativo y ante las desgracias de sucesos que soporta guarda calma y apela a su discernimiento para hacerle frente a toda adversidad, la muerte de un ser querido ha inmovilizado a la persona de su referencia quien anhela un futuro y cercano encuentro para reencontrarse con ella; ante el actual genocidio o "tercera guerra mundial” contra el concebido, anualmente en el mundo se producen 56.000.000 de abortos lo que desde 1946 a la fecha, la matanza va llegando a 4.000.000.000 de concebidos en días o meses en el seno materno (ya casi la población mundial, 6.000.000.000 de habitantes), y existen esfuerzos incansables de personas que luchan a favor de la vida educando.

Desde el momento en que abrimos nuestros ojos y pensamos en el mundo que nos rodea y nuestro existir, se hace patente nuestra conciencia y nuestra vida cobra el sentido y dirección de la causa final por la que vinimos al mundo. Nada de ello tendría sentido sin un reconocimiento "del uno mismo”. El uno mismo que postulamos, se relaciona con el sí mismo, (en alemán: Selbst) que es definido por Carl Gustav Jung como el arquetipo central de lo inconsciente colectivo, el arquetipo de la jerarquía. La totalidad del hombre. El sí-mismo es una magnitud antepuesta al "yo consciente”. Comprende no sólo la "psique consciente", sino también lo "inconsciente”, y por ello es, por así decirlo, una personalidad que "también” somos…Pero mientras que para este no existe posibilidad alguna de alcanzar también una "consciencia” aproximativa del sí-mismo, pues por más que queramos hacerlo consciente siempre existirá una cantidad indeterminada e indeterminable de "inconsciente” que pertenece a la totalidad del sí mismo, nosotros sostenemos que lo más propio es lograr la conciencia "del uno mismo”, pues su realización no implica considerar al inconsciente sino por el contrario, el consiente se patentiza en forma indeterminable e inconfundible junto a la realidad que nos toca vivir. De esa forma, el uno mismo opera concomitantemente a nuestra existencia y a nuestra razón pues de esta experiencia no podemos evadirnos y muchos menos negarla. Tal experiencia acompañó y acompaña al hombre durante toda su vida y aunque ella se radico en su mismo origen, continúa patente en el hombre de hoy. Comprobar por la reflexión y la práctica la conciencia "del uno mismo” tiene la ventaja de no hacer "caer” al hombre en la desesperanza, sino mas bien confiar en su futuro y su destino, pues, en él, está el carácter intencional que es el que gravita de manera estable y permanente como una constante, es como su similar de la ley de gravitación universal. El principio de la intencionalidad adquiere hoy el principal motivo que da razón no sólo al hombre, sino que permite analógicamente incursionar a este en el plano de una razón superior; en definitiva, la posibilidad de descubrir el propósito, siempre está en el hombre, y la posibilidad de ignorarse a sí mismo y al universo, también está en el.

(*) Filósofo, pedagogo, escritor, orientador escolar.