En el Día del Urbanismo pretendo contribuir a generar un debate sobre el último tema urbano instalado por DIARIO DE CUYO, el domingo 30 de octubre: el Plan de Ordenamiento Urbano de nuestro Gran San Juan. Adhiero a estas tareas planificadoras y convoco a la participación de todos los actores urbanos involucrados en hacer nuestra ciudad. Los especialistas y quienes no lo son, deberemos contar con el derecho a opinar y a ser escuchados. Podremos aportar ideas originadas desde miradas y ubicaciones diferentes, desde la propia diversidad urbana, todas válidas al momento de diseñar nuestra ciudad del futuro. Los planificadores responsables deberán implementar los mecanismos necesarios para que ocurra, como en toda ciudad bien lograda del mundo. Sabemos cuidar lo propio, lo privado y lo público.

Durante años, he expresado la ineficiencia de las intervenciones urbanas surgidas aleatoriamente, sin fundamentos que exhibir, sin orientaciones para ellas, sin una imagen de la ciudad deseada: sin planificación urbana. La anticipación es el rol ineludible de toda planificación y planificadores urbanos. El futuro se construye con lo del ayer a resguardar, con lo de nuevo del hoy y con lo proyectado para mañana.

Desde la información obtenida en este medio, el tema de debate fundamental estará centrado en el crecimiento indiscriminado de nuestra ciudad, la que posee cualidad de oasis, asentada en pleno desierto y, por ello, el límite para las actividades humanas es acotado. Luego, la creciente extensión de la ciudad, en baja densidad y sobre el suelo agrícola que la rodea resulta ilógica. Y más ilógica es al observar la vastedad de áreas pericentrales, adyacentes a la central, en estado de degradación, obsolescencia y vacíos, contando con todas las redes infraestructurales y equipamientos de interés. Y pregunto: ¿Cuántas personas podrían vivir en estas zonas si se propusieran programas de renovación y otros? Miremos sólo el área comprendida entre Avenida de Circunvalación y el rectángulo central, revelará este fenómeno en su máxima intensidad, denominado "periferización interna" por varios autores: Trinidad, Villa del Carril, Concepción y Santa Lucía, por ejemplo. Por ello apuesto al lema "volver al centro" con sus complementarios "crecer hacia adentro" y "aprovechar mejor lo que se tiene". Esta posición involucra una ley de regulación del suelo que ordene ese crecimiento para alcanzar el desarrollo urbano, el desarrollo de las personas que vivimos en esta ciudad, contemplando todos los elementos conformantes urbanos: usos del suelo polifuncional, densidades acordes con nuestro perfil y a la capacidad de esas redes actuales y proyectadas, valorización de los espacios públicos tan disminuidos e ignorados en su rol vital, redes viales apropiadas y estacionamientos, espacios para los equipamientos de todo tipo, entre tantos otros. Igualmente sugiero otro lema "la ciudad es del peatón y no del vehículo", lo que implica incorporar decididamente un transporte público de excelencia. Sólo así se respetarán las consignas humanizadoras de toda ciudad. En consecuencia, y según lo murmurado en pasillos de reparticiones pertinentes, los mega proyectos enunciados por el Gobierno no tendrían lugar en esta ideología de ciudad futura. Específicamente menciono a soterrar un tramo de una avenida primaria, crear una nueva aérea por sobre otra primaria existente, entre otros proyectos, totalmente invalidados desde su enunciado. A partir de ese ordenamiento del crecimiento urbano deberán desprenderse los proyectos necesarios a implementar con visiones alternativas para el futuro. La usual mirada cortoplacista en esta materia, como en otras, invalida e invalidará todo proyecto de recreación de toda ciudad.

Al igual que los proyectos a derivar de este plan, la normativa también será consecuencia y no principio del mismo. Hay otras tareas importantes e imposibles de ignorar: la regulación de las plusvalías que se originan constantemente y el rol de este plan de guía rectora para el accionar del hacedor privado de ciudad. Existen experiencias en todo el mundo de sistemas de incentivos y desincentivos, entre otros, para este actor y ¡se cumplen! También habrá que hacer cumplir las normas al mismo Estado, hacedor de toda obra pública. La comunidad ostentará el rol de contralor para que todo proyecto sea aceptado y cumplido cabalmente, dado que el interés individual jamás debe estar por encima del público, expresado en las constituciones nacionales y provinciales de nuestro país y otros.

A modo de festejo de este día, convoco a toda la comunidad a trabajar para alcanzar una participación plena en el plan de ordenamiento de nuestra ciudad. Necesitamos comprometernos a ser activos en este acontecimiento, la ética profesional y personal nos lo demandará. No quisiera retroceder para repetir "nuestra ciudad continúa erguida, con su orgullo remendado", tampoco "continuamos con el gozo de lo ajeno y lagrimando por lo propio", menos aún "no nos une el amor sino el espanto".