Las expectativas en torno a las elecciones presidenciales de Brasil, previstas para el 5 de octubre venidero, prevén un empate entre Dilma Rousseff que busca renovar su mandato y la ambientalista Marina Silva, que viene encabezando las encuestas. De mantenerse las actuales proyecciones, incluyendo el margen de error de los sondeos, todo indica que la definición será en una segunda vuelta, el 26 del mes próximo, ya que ningún candidato superaría el 50% de los votos.

La novedad de los últimos días es que Rousseff redujo casi a la mitad la ventaja que le llevaba Silva hasta principios de este mes. Dilma creció hasta el 41% frente al 48% de la candidata del Partido Socialista Brasileño, según las encuestadoras internacionales. Para la consultora Datafolha, Rousseff se impondría en la primera vuelta con un 36% de los sufragios, contra un 33% de Silva y un 15% del candidato centrista Aécio Neves. Si los pronósticos se mantienen, Silva ganaría el balotaje con un 47% de los votos contra un 43% de Rousseff y la política brasileña daría un giro geopolítico y económico trascendente, desde la presidencia de Lula da Silva. Es que Marina ha planteado en la campaña sus cuestionamientos al Mercosur, porque pretende una apertura sin condicionamiento regional y también abrirse en las relaciones exteriores, con un acercamiento al mundo desarrollado.

La activista ambiental busca erradicar la corrupción y propone políticas de mercado destinadas a restaurar la confianza de las empresas y el crecimiento económico brasileño. Rousseff la califica como una candidata respaldada por una élite financiera que no está en contacto con la realidad de la gente común, pero las encuestas dicen lo contrario.