El tiempo es una abstracción a la que hemos dado forma de calendarios y relojes. Sometidos a lo que estos marcan nos encontramos con emociones por lo pasado, junto a la desazón o frustración por lo que no fue o se truncó. Así como surgían múltiples preguntas al finalizar el año que pasó, en un sentido de balance, también surgen otras frente a un ciclo que comienza.
Víctor Frankl, autor de "El hombre en busca de sentido”, sostenía que esas preguntas son erróneas y que, por lo tanto, nunca encontraremos respuestas o las respuestas serán fugazmente satisfactorias antes de que nos sintamos nuevamente angustiados por lo que puede venir. Es que, según el filósofo vienés, nuestra tarea no es hacer preguntas sino dar respuestas. No somos interrogadores sino interrogados.
Las preguntas de la vida no se responden con palabras ya que tampoco son formuladas verbalmente. Se responde a través de acciones emprendidas o por emprender, de actitudes asumidas o por asumir, de decisiones por tomar o elecciones por hacer. Cada una de ellas tiene una consecuencia. Y esto requiere una nueva elección. De este modo nos vamos convirtiendo en arquitectos de nuestro destino. No sólo por los proyectos, los sueños o las utopías que nos guían hacia delante, sino también por las huellas que vamos dejando atrás, tanto en nuestras vidas como en las de los otros.
El fin del año que pasó nos dio la oportunidad de integrar lo vivido al presente de nuestra vida y contemplar ese presente como un punto de unión del pasado que fue y el futuro que espera. Visto así el comienzo de un nuevo año, más que inauguración, es continuación. En estos tiempos en los que casi nada alcanza a consolidarse, y en los que casi todo pasa a la categoría de pasado antes aún de haber sido o de alcanzar a demostrar lo que podía ser, es importante poder ver la vida como una continuidad plena de significado, antes que como una dispersión en la que cada año es un fragmento aislado. Porque la vida es continuidad, podemos mirar el camino andado y hacer balances. Y porque es continuidad podemos mirar hacia delante, proyectar y esperar.
Para llegar a las metas hay que viajar por la vida. Esto significa correr riesgos, afrontar la incertidumbre, mantener el rumbo en condiciones adversas, confirmar la decisión y templarse ante la frustración.
