No hubiese querido dar por cierto un nuevo paradigma que se ha patentizado en nuestra sociedad contemporánea y por el que en torno al fenómeno educativo se juzga como operante. Es que cuando en nuestra vida cotidiana, ejemplos o referencias concretas se toman como modelo, todo el medio se ve envuelto de indicadores desde los que es menester interpretar la realidad que vivimos y nos circunda día a día.
Los sistemas de pensamiento y modos de vida nos dan un serio trasfondo comprometiendo nuestra cultura y vida social. Paradójicamente, en este tercer milenio, están dadas todas las condiciones que facilitan su observación convirtiéndose en probada su existencia.
Si un "paradigma dominante” se refiere a los valores o sistemas de pensamiento en una sociedad estable, en un momento determinado, ellos son compartidos desde un trasfondo cultural por la misma comunidad y por ende, desde el contexto histórico del instante en que se presenta.
Para un mejor acercamiento a este esquema, destacamos algunos factores que comprueban, al menos desde un alcance medio, como intervienen sustancialmente en su configuración; ellos son: la capacidad de trabajo, la injerencia de los valores, la consideración de principios y el respeto por el cumplimiento del régimen legal vigente, como factores que ordenan la sociedad e inherentes a la educación. Al mismo tiempo la calidad de estos se ve desde una comprensión de conocimiento y luego desde una base de fundamentos propios para finalmente ser observados desde una praxis ética en el ejercicio habitual.
¿Por qué entonces sostenemos que la vía está abierta a un inminente fenómeno atribuido a la deseducación? porque los mismos soportes ontológicos que sostienen la educación, están siendo vulnerados. Ya nombrados como factores efectivos, son subvertidos, ordenándose en nuestra sociedad como anti valores y asumiendo su ejercicio como oposición, ya sea, al no trabajar, al no tener actitudes loables o meritorias, al no considerar reglas o normas que orientan las acciones humanas hacia el amor, respeto y verdad y finalmente a no honrar la familia, la seguridad personal, a uno mismo como persona y a la sociedad, finalmente a no tomar en cuenta la constitución y la ley.
Que enorme desafío tienen padres, profesores y maestros, funcionarios, gobernantes y administradores y los medios de comunicación como la prensa y televisivos. La educación tiene su fin y sabe a dónde va, los hombres también tienen sus metas y también procuran a donde quieren llegar. Pero son una frente a estos y es importante descubrir quienes están con la educación y quienes propician este nuevo y fenoménico aparecido como es el del "paradigma deseducación”.
Vamos a recordar además que una sociedad no se torna decadente por los beneficios impulsados desde los bienes materiales, sino más bien, cuando estos hacen desaparecer por ejemplo la cultura del trabajo, la iniciativa por la ocupación y la reflexión por el ser persona. La dignidad en este contexto está en juego o se compra el ejercicio de la voluntad con un beneficio utilitario o practico.
Es muy oportuno que nuestra sociedad y los gobernantes mediten y tomen por serio y como gravitante este fenómeno que se ha patentizado como paradigma, pues, el mismo no viene a nosotros por la construcción o suma de sucesos negativos sino mas bien por la medida e intencionalidad manifiesta de las ideologías y populismos que desechan a las organizaciones ciudadanas con una importante trayectoria mostrándose, ya sea en la práctica efectiva o en los discursos desde el poder, como la única alternativa democrática de salida a soluciones concretas para un pueblo. El fenómeno de la deseducación lleva implícito el germen de conseguir todo con un marcado facilísimo sin reparo del sacrificio y los costos personales. Se escuda en la mentada igualdad para todos y crea un verdadero abismo entre las aspiraciones de las personas y su propio destino en asumir, por libre elección, lo que quieren ser o la meta que quieren alcanzar.
Finalmente la deseducación instala el concepto de que todo se puede lograr en beneficios ofrecidos y no en genuinas posibilidades de trayectos que son necesarios superar.
(*) Filósofo, pedagogo, escritor, orientador escolar.
