China inició un exhaustivo programa en favor del medio ambiente, afectado por el rápido crecimiento económico, en particular de la industrialización con un descontrolado proceso de desechos fabriles de gran impacto ecológico.
Llegar a ser una superpotencia en las últimas décadas tiene sus costos, porque el éxito económico con un nivel de crecimiento admirable, repercute en el coloso asiático como una pesadilla medioambiental que altera la rutina diaria. De hecho Pekín, junto a otras 16 ciudades chinas, encabezan las 20 urbes más contaminadas del mundo por smog o cursos de agua convertidos en vertederos.
El gobierno chino busca rápidamente revertir la expansión manufacturera, cambiando la antigua matriz energética basada en el carbón para reemplazarla por combustibles menos dañinos, pero no es una tarea fácil sin resentir los niveles productivos, tratándose de un consumo que supera en un 40% la media mundial. Además, la cifra de automóviles en circulación aumentó de los 16 millones que había en 2000 a unos 100 millones en la actualidad, propio de las mejoras en las condiciones de vida.
Precisamente los hábitos y costumbres de la población china se miden también en cifras millonarias y como una referencia preocupante basta señalar los 300 millones de fumadores que contribuyen a contaminar el aire, según la OMS, y la secuela de un millón de personas que mueren al año por enfermedades derivadas de esta adicción.
Si bien el régimen chino impuso a principios de este mes una nueva ley que prohibe fumar en los establecimientos públicos, endureciendo una norma de hace cuatro años que tuvo escasa repercusión social, y sumó un fuerte aumento en el valor del tabaco, existe escepticismo acerca de los resultados de la fuerte imposición para disuadir a los fumadores. Es que China también es el mayor productor y consumidor de tabaco del planeta, con un tercio de la producción y el consumo mundial.
La actividad genera entre un 7 y un 10% del total de los ingresos estatales. Tan sólo el año pasado el sector aportó 145.000 millones de dólares a las arcas del gobierno y los expertos prevén que la nueva subida de impuestos generará 14.314 millones de dólares adicionales. Esto es otra muestra de la resistencia china a firmar acuerdos ambientales internacionales.
