Cuando el presidente de China, Hu Jintao, visite Latinoamérica este mes, alguien debería decirle con toda claridad: si China quiere ser una potencia respetada, debería ser una mejor ciudadana global. Lo pensé cuando leí los resultados de la Conferencia de Donantes de las Naciones Unidas para Haití, celebrada el 1 de abril en Nueva York, en la que 59 países y organizaciones internacionales hicieron sus contribuciones para la reconstrucción de Haití. El aporte chino fue lamentable.

La Conferencia de Donantes recaudó u$s 5300 millones para la reconstrucción en los próximos 18 meses, suma que no incluye donaciones que se hicieron inmediatamente después del devastador terremoto del 12 de enero, que más de 300.000 muertos. Estados Unidos ofreció u$s 1150 millones, además de 900 millones ya entregados. Los 27 países de la Unión Europea aportaron u$s 1600 millones, fuera de 370 millones desembolsados. Excluyo a Venezuela, porque tras anunciar que donaría u$s 2400 millones más que EEUU y Europa, eran promesas para los próximos seis años, en lugar de 18 meses, e incluía la condonación de 400 millones de deuda de Haití.

China prometió 1.500.000 de dólares -leyeron bien, 1,5 millón-, según la agencia oficial Xinhua. O sea, donó mucho menos para Haití que Qatar y Corea del Sur, que aportarán 20 y 10 millones, respectivamente en 18 meses. Algunos justifican que China donó tan poco porque no tienen relaciones diplomáticas con Haití. Sin embargo, la ausencia de relaciones no impide que tenga en Haití una fuerza de paz de unos 200 soldados, ocho muertos en el terremoto.

"Este es el peor desastre natural de la historia, en cuanto a pérdidas de vidas: no hay excusa para decir que u$s 1,5 millones sea una contribución digna", dice Mark Schneider, funcionario de International Crisis Group, ONG que ayuda a países en conflicto. China tampoco fue muy generosa con Chile. Prometió u$s 1 millón de auxilio, después del terremoto del 27 de febrero y luego sumó otros u$s 2 millones, según Xinhua.

R. Evan Ellis, de la Universidad de Defensa Nacional de Washington y estudioso sobre la creciente presencia china en Latinoamérica, considera que hay varias áreas en las que China podría ser un mejor ciudadano mundial. Las empresas chinas en la región han tenido problemas con las leyes laborales y ambientales locales, porque no están acostumbradas a respetar esas mismas reglas en China, explicó. "En términos de responsabilidad social corporativa, las empresas chinas están hoy donde estaban las empresas estadounidenses hace medio siglo atrás", agregó. Además, China compra gran cantidad de materias primas latinoamericanas -de u$s 10.000 millones anuales en 2000 a 140.000 millones en 2008-, pero invierte muy poco en la zona.

Mi opinión: el explosivo crecimiento de China en los últimos años ha sido una bendición para América latina, especialmente en exportaciones sudamericanas de materias primas. Por eso, cuando Hu visite Brasil, Venezuela y Chile entre el 14 y el 18 de abril, será recibido con todos los honores. Pero debería recordar que China, como uno de los principales socios económicos de Latinoamérica, no pueden pretender ser una gran potencia cuando le conviene y ser un pobre país en desarrollo cuando no le conviene.

"ES HORA de que el gobierno de China se gane el respeto de otras naciones como un socio confiable y como un buen ciudadano global, tal como lo vienen haciendo muchos otros países grandes."