China acaba de superar a Japón como segunda economía del planeta. Séptima economía del mundo en 2001, en menos de una década China dejó atrás a Alemania, Gran Bretaña y Francia, gracias a un crecimiento acumulado de 261%, y se apresta a superar a Estados Unidos entre 2020 y 2030, según el Banco Mundial.
Con un crecimiento promedio de 8 a 9% desde 1978, sus exportaciones se multiplicaron por 49 y el ingreso anual per cápita es ahora ocho veces mayor que hace 25 años. En 2009 superó a Estados Unidos como el mayor productor mundial de automóviles y a Alemania como primer exportador mundial. Con 20% de la población del planeta, China representa 18% de la economía global.
Todos los indicadores de ese fenómeno sin precedente en la historia moderna presenta contornos de una dimensión desconocida en Occidente: primer consumidor mundial de acero, cobre, carbón y cemento y segundo consumidor de petróleo. China produce 85% de los tractores, 70% de los juguetes y lectores de DVD, 60% de la penicilina y 55% de las máquinas fotográficas que se venden en los cinco continentes y es la tercera potencia científica, con un presupuesto de investigación de 50.000 millones de dólares anuales.
La China moderna es una nación de desmesura: existen 170 ciudades con más de un millón de habitantes; hay 60 millones de pianistas, 345.000 millonarios y 55 potentados que poseen una fortuna de más de 1000 millones de dólares. El despegue chino tiene tres originalidades: el país necesitó apenas 25 años para pasar de la economía de supervivencia al nivel de sociedad posindustrial. Occidente necesitó entre uno y dos siglos para desarrollar ese proceso. En 25 años, China pasó de una economía planificada, rural y replegada sobre sí misma a un modelo socialista de mercado con vocación de potencia industrial, y abierto al exterior.
En la práctica, aunque sin confesarlo, el régimen renunció al marxismo leninismo implantado tras la llegada de Mao al poder, en 1949. El comunismo sobrevivió hasta 1978, cuando el pragmático Deng Xiaoping proclamó: "No importa si el gato es blanco o negro. Lo que importa es que cace ratones”. La riqueza acumulada en el último cuarto de siglo permitió extraer de la extrema pobreza a 400 millones de chinos.
En 1810 Napoleón advirtió: "Cuando China despierte, el mundo temblará”. Dos siglos después de esa profecía, el vigor de ese gigante de 1400 millones de habitantes se ha convertido en una pesadilla para las grandes potencias del planeta.
