Como en el resto del mundo, la comunidad judía en la Argentina está conmemorando en estos días el Rosh Hashaná, año nuevo 5777 del calendario hebreo, que comenzó el sábado pasado con la primera estrella del atardecer y se extenderá hasta esta tarde, en la que finalizarán la serie de festejos tradicionales con una evocación de las familias de la colectividad. Es una convocatoria para revisar los orígenes y los actos propios sostenedores de una historia ligada al origen de la humanidad.
El nuevo año judío tiene cuatro acepciones: Rosh Hashaná, que refiere al día de la creación; Iom Ha Din, que se basa en la idea teológica de que mujeres y varones son juzgados por sus acciones; Iom Ha Zikarón, que remite al recuerdo del propio ser y Iom Truá, que alude al despertar de la apatía para asumir las propias elecciones. En esta fecha, Rosh Hashaná es la oportunidad para un balance del alma y una evaluación de la existencia, junto al Iom Kipur, Día del Perdón, que se celebrará diez días después, recuerdan quienes dedican más tiempo a esta tradición a fin de evitar que se pierda, ya que como en todas las celebraciones judías, el espíritu es la transmisión oral de la historia y los orígenes de los abuelos hacia los nietos.
En esto radica la esencia de una celebración para revalorar la trascendencia del pueblo judío que ha sufrido tremendas persecuciones a lo largo de su existencia y en diferentes lugares, pero sin perder una identidad que es admirable. Se estima que actualmente la población judía es de alrededor de casi 16 millones de personas, la mayoría residente en Israel y en los Estados Unidos, mientras que el resto se ha concentrado particularmente en los países democráticos de Occidente, entre ellos la Argentina.
Pero lo admirable es que a pesar de constituir un escaso 0,2% de la población mundial esa pequeña parte ha influido y contribuido significativamente al progreso de la humanidad en diferentes áreas, incluyendo filosofía, ética, literatura, música, teatro, cine y medicina, así como en la ciencia y la tecnología, según testimonian los avances trascendentes para alcanzar mejores condiciones de vida.
La mejor referencia la presenta el Premio Nobel que se otorga a los logros en Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura, Economía y Paz. Hasta ahora el premio fue concedido a más de 850 personas, de las cuales 194 son judías.
