Hay en el razonamiento de Susana Giménez una línea por la que se desliza la visión lejana de un país hacia otro país.
Uno adentro del otro, el de la Capital hacia los confines de tierra adentro que por alguna causa extraña se llamó el interior. ¿El interior de qué?, ¿no sería más apropiado llamarlo exterior?.
Sentada en el estudio de Telefé desde donde dirige el rating de los domingos a excepción de cuando juegan River y Boca, la diva hizo gala de ese razonamiento liviano, superficial y despreocupado por las realidades ajenas. Lo más extraño no fue el ejercicio propio de una celebridad acostumbrada a ver el mundo desde los asientos de primera clase de las líneas aéreas, sino que lo haya hecho en compañía de Antonio Gasalla, un artista acostumbrado a mostrarse preocupado por algo más que el chusmerío de la farándula.
Pero así fue, al fin, como Susana volvió a tropezar en el intento de mutación de su rol. Desde el característico descompromiso de su especie hacia una mayor preocupación por los sufrimientos de la gente -su principal sostén- en materia de vida cotidiana como la seguridad, y de inquietudes políticas como las inversiones públicas.
Sobre este último punto pensó estar percutiendo con su cuestionamiento al tren Trasandino, en asociación a la ola de disconformismo que generó el formidable desembolso planeado para el tren bala entre Córdoba y Mar del Plata, con estaciones intermedias en Rosario y Capital.
Se quejó amargamente: "Por qué no se dejan de esas obras que no le importan a nadie". Y sacó patente de la mirada desinteresada desde la metrópoli hacia el resto: "Por qué no se gasta en algo más útil, como los trenes de Buenos Aires".
Varias anotaciones para hacer. La primera: ¿así que la utilidad o inutilidad se mide por lo que es capaz de interesar a la gente del conurbano?, ¿y los habitantes de Córdoba, San Juan o Mendoza, tan castigados cada vez que toman un micro como los de Florencio Varela para ir a su trabajo?. Eso no cuenta.
Segundo: si se tratara de fondos públicos, ¿de dónde salen, del IVA que paga el gran consumo o de las retenciones y cesiones impositivas de las provincias? De los dos.
Tercero: el Trasandino no es un tren de pasajeros, por lo que mal puede interesarle "a la gente". Capaz que sí le interese la creación de un gran área de servicios para el transporte de cargas desde Brasil a China -mismo interés en San Juan por Agua Negra- útil para crear miles de puestos de trabajo por la actividad económica que generan.
Cuarto: los U$S 3.000 que cuesta el Trasandino son, en su mayoría, fondos privados.
Pero no, "nos están agujereando la Cordillera", se quejaron a coro Susana y Gasalla. Quedará para la anécdota si en el voleo incluyó o no a "los túneles", y con ellos al de Agua Negra en la provincia de la que es madrina de su Fiesta del Sol, nueva muestra de su falta de cuidado y de esa obsesión de la notoriedad por disparar a gusto contra lo que se ponga enfrente sin un filtro mínimo (¿Maradona?).
No está claro si lo hizo o no. Sí lo está que lo que hizo fue un temerario ejercicio de vista corta y egoísta, negadora de la realidad de un país entero, que es hasta donde llegan las imágenes de su show. Y no habrá nada que pueda con eso, ni la furia pública de mendocinos -exhibida hasta en el Senado- ni la de los sanjuaninos amadrinados y defraudados. Susana es palabra santa.
Esa misma lógica de un país con sólo un área de influencia opera en otro asunto que tuvo al país de los pelos esta semana: la proliferación piquetera en Buenos Aires que tiene las menudencias por el piso a esa gente, cuyo sufrimiento acaba de convocar la atención del living de Susana.
Y es que el detonante de las movilizaciones sociales en las avenidas porteñas es el plan diseñado por el gobierno nacional para combatir la pobreza en todo el país. Consiste en la creación de cooperativas de desempleados, que cobrarán el sueldo mínimo, a cambio de realizar trabajos de limpieza y mantenimiento en las comunas.
¿De todo el país? Error, del conurbano bonaerense, donde operan los intendentes del PJ que manejan generosos bolsones de pobreza y utilizan esos recursos en la designación a dedo de los nuevos trabajadores, con sus consecuentes beneficios políticos.
Es que está tan lindo el resto del país, que no dispone de cantidades suficientes de trabajadores desempleados que necesiten empleo, ni existen comunas que necesiten trabajos de limpieza porque todo está reluciente. Los 100 mil puestos de trabajo creados con estos recursos públicos por el ministerio de la hermana Alicia, al Gran Buenos Aires.
Y entonces, las miradas de todo el país como espectador del show del piquete en la Capital. Al menos 20 de las 24 horas de todas las cadenas del TV "nacionales", con sus cámaras colocadas en calles cortadas y puentes bloqueados de la Capital. Titulares catástrofe con la congestión del tránsito y la marcha de las banderas rojas de una calle a otra.
Crispación porteña exportada a la Villa del Carril por obra y gracia de ese criterio federal acuñado por Susana y aplicado por los canales de noticias. Tema de sobremesa obligado, eso de quién desestabiliza a quién. La pregunta: ¿cubrirá O Globo de San Pablo una movilización semejante en Río?. Seguramente, pero menos tiempo.
La misma visión sesgada emitida desde la capital es la que se aplica a la minería. Crece adentro de la General Paz esa apreciación liviana sobre todo lo que no alcanzan a comprender del todo, y el primer acto reflejo es la descalificación.
Tiene allí un límite claro la preocupación ambiental y social: más moderado hacia las explotaciones agrícolas que pagan en dólares la propiedad en Palermo, e implacable desde allí en adelante. El tabaco, fuente de ingresos excluyente en las provincias del Norte, ensucia los pulmones y hay que ponerle límite, la zafra explota a los trabajadores y la minería contamina el país.
El flamante diputado nacional por la ciudad, Pino Solanas, le puso vuelo metafórico al asunto, sosteniendo que "nos están envenenando el tanque de agua". Curioso que el legislador no le ponga el mismo volumen a la militancia por el mayor escándalo ambiental del país, justamente en su distrito: el del Riachuelo (¿se vendrá la película?).
Suele ocurrir en estos días de prejuicios que llega la reflexión luego del alto voltaje. Que una vez que se informan, cambian aquella mirada previa. Sucedió con muchos periodistas, opinadores y divos. Y aún con políticos como Felipe Solá, candidato presidencial, quien pidió debate y admitió no conocer del asunto.
Susana no es más que un emergente, un ejemplo, de esa maldita costumbre nacional de opinar antes de conocer. De descalificar antes de informarse. De la opinión pública del tachero, que algo escuchó en el asiento de atrás.
Por lo tanto el desafío es cómo avanzar en la lucha contra el prejuicio. Ese que arranca la cabeza y después pregunta.

