Y como es hora de balance y cambio de mando, nos preguntamos: qué vemos que ha dejado Lima en sus dos periodos de gestión? Digo ‘qué vemos”, porque si hacemos uso de los informes oficiales alguien dirá que es para aplaudir. Pero vemos un estacionamiento ordenado (Eco) de óptimas características; el servicio de levantamiento de basura único, que provocó el grato cambio de paisaje, antes marcado por los cuida-lavacoches; una revolución en materia de acción deportiva multiplicando sus pistas de la salud, reproducidas en otros municipios; un cementerio y servicio fúnebre funcional pulcros, además de una nutrida actividad con uniones vecinales, fomento del empleo, desarrollo humano y cultura…

Pero, ¿y las veredas?, ya sabemos que son del vecino, pero desde el Municipio debe procurarse mantenerlas ayudando a cada propietario. Hay dos planes en ese sentido que no se ha utilizado mucho o, mejor dicho, no ha dado suficiente difusión, para hacer aportes privados y oficiales. Este asunto, tan abordado por los precandidatos y candidatos en las campañas, es sobre lo que prometió ocuparse de entrada el intendente electo Franco Aranda.

¿Ha sido suficiente la limpieza? Nunca será suficiente, y si bien no parecen haber muchos descubrimientos que aplicar para mejorar, es posible eficientizar, por lo que es otro aspecto del que ha hablado mucho el próximo intendente. Y desde una mirada general pero crítica al mismo tiempo, en cualquier gestión municipal, las obras trascendentes como pavimentos (130 km recientes), plazas, recuperación de espacios verdes, rescate de terrenos como defensa del patrimonio municipal (calle Nuche), protección de especies arbóreas, iluminación, semáforos, etc. son obras de las que menos habla la gente, el espejo de la Ciudad para el vecino, termina siendo la plaza 25 de Mayo y adyacencias.

Ahora, ¿viene un romance de la Ciudad con Aranda? No deberá olvidar la autoridad que esta Ciudad no se reduce a las 25 manzanas fundacionales sino que llega a los límites con Rawson, Rivadavia, Chimbas y Santa Lucía. ¿Qué le falta a la ciudad natal de Sarmiento después de ocho años de ‘ordenamiento”, como lo califica Lima? Si hay ambición, muchas cosas, pero necesariamente de la mano de más planificación, más consenso, mucha comunicación, más jerarquización administrativa (que se sumaría a las normas de calidad aprobadas en Hacienda, Deportes y Eco lo convierte en el único municipio con ese logro) y suficiente flexibilidad y tolerancia. En este marco, Aranda transita este ‘tiempo de transición”. Pero el flamante horizonte del nuevo ‘lord mayor” sanjuanino atañe directamente también a todos los capitalinos, pues si a él le va bien, le irá igual a ellos. Sin olvidar que estamos en una sociedad individualista en la que queremos siempre de todo, lo mejor, y si es posible, ya.

Más allá de las obligaciones diarias, la intendencia debe poner más cerca el oído al vecino, buscar el asesoramiento de expertos urbanistas (ha sido bueno el acuerdo de Aranda con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo y el Centro de Arquitectos) para pensar intervenciones que permitan cualificar los espacios; poner en agenda que nuestra Ciudad ha hecho méritos suficientes desde lo privado, provincial y municipal para soñar en promoverla como una isla cultural en la región y el país, por la gran vitalidad creativa de los sanjuaninos.