Una nota de DIARIO DE CUYO, del 27 de diciembre pasado, dice: "Se cae la idea de establecer una perrera municipal". La expresión "perrera" no suena con agrado a los oídos de los amantes de los animales, por lo que es importante tener en cuenta ciertos factores.

Uno es que la convivencia diaria con los canes callejeros es una cuestión cultural, que salvo raras excepciones, trajo problemas. Después está la falta de educación de los niños respecto a la tenencia y protección de los animales, lo que lleva al abandono. También la costumbre de tener un perro fuera de la casa y la inmadurez cívica en cuanto a la importancia de los animales de compañía y guía, entre otros.

El tema de los caniles no es algo nuevo. En Europa y los Estados Unidos es común, pero obviamente cuentan con los recursos económicos y materiales necesarios para salvaguardar al animal, entretenerlo y darlo en adopción. Los animales no son un problema, es la consecuencia de años de vacío educativo respecto de lo cual, no solo las asociaciones deben hacerse cargo, sino también las familias y las escuelas ya que es bien sabido la ineptitud de los municipios en el manejo de estos conflictos.

Desde sus orígenes, el perro acompañó al hombre en sus distintas actividades, lo que cambia en una urbe es que el animal no tiene una función específica y se lo tilda de vagabundo, de callejero, molesto, etc. La solución existe en base a un programa de formación comunitaria para menguar el abandono de crías y que el perro se desarrolle dentro de la casa. Con los que puedan volverse solitarios y vagabundos, se puede crear una programa de adiestramiento y entrenamiento para que al animal se le de un fin benéfico, no sólo como compañía de ancianos y enfermos sino también de ciegos y correccionales de adultos y jóvenes.

La esterilización masiva o anticonceptivas no dio buenos resultados. Lo importante es evolucionar en ideas más productivas que le den al animal un fin en si mismo y que la gente entienda y comprenda que todo ser viviente tiene una función dentro de un ecosistema.

Pero nada es barato, hay que invertir tiempo, ideas y dinero si es verdad que se quiere solucionar el problema. Por eso se hace necesario un relevamiento de la población canina en situación de calle y a partir de allí, habría que comenzar con un programa de concientización y educación pública, específicamente en barrios y villas.

La Asociación Vida Silvestre, elaboró un folleto que no salió a la luz ni se entregó en la vía pública, por lo que pone a disposición de los interesados, ideas y propuestas para comenzar a dar soluciones a este tema que se complica porque nadie se ocupa.