La actriz y cantante Nacha Guevara, elegida diputada nacional por el oficialismo en las últimas elecciones legislativas, no asumirá su banca. Es quien el 28 de abril último dijo que si la Presidenta perdía la mayoría en el Parlamento, el país se paralizaba, y justificó las candidaturas testimoniales, asegurando que "son legales, pueden gustar más o menos, pero no están violando ninguna ley".

Cuesta que la ciudadanía demuestre credibilidad para con los políticos y quienes tienen la irrenunciable misión de que las instituciones de la República no sean burladas. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la Cumbre de las Américas, realizada en Trinidad y Tobago, señaló que eran "candidaturas muy concretas, para defender un gobierno y un modelo muy concreto". Más aún, enfatizaba que la candidatura a diputado de Daniel Scioli era algo "real", como asegurando que el gobernador bonaerense dejaría ese cargo para asumir en el Congreso. El fallo del juez electoral Manuel Blanco respaldó las polémicas postulaciones, tal vez por temor a enfrentar al poder político, lesionando la independencia de la Justicia, ya que esas candidaturas partían de una falsedad: un funcionario se presentaba como candidato y reclamaba ser votado para un cargo que no ocuparía.

Fue una flagrante burla al sistema representativo de gobierno, previsto en los artículos 1 y 2 de la Constitución Nacional, según los cuales el pueblo gobierna a través de sus representantes. Si el pueblo votó a un candidato que hizo campaña para que se lo eligiera, le dio un mandato para que lo represente, no para que no asuma, burlando la confianza del ciudadano. Ya son 22 candidatos electos para diputados nacionales, legisladores provinciales o concejales de distritos, que han renunciado al cargo que tendrían que ocupar a partir del 10 de diciembre próximo.

Más allá de las transgresiones legales, hay otro aspecto aberrante de esas candidaturas que tergiversaron la intención de los electores: se las imaginó como un modo de aprovechar la falta de ilustración cívica de un sector muy amplio de la ciudadanía. Se trató de una forma de acceso y conservación del poder para la cual la ignorancia, que en la mayoría de los casos deriva de la pobreza, es una ventaja para ser explotada.

El clientelismo es un floreciente negocio de la vieja política, que es hijo de la pobreza y de la ignorancia.