Las estrategias electorales avanzan hacia las anticipadas elecciones legislativas del 28 de junio venidero, rodeadas de despropósitos cívicos y éticos. La puja para conformar el listado de candidaturas, eclipsó las ideas políticas para enfrentar momentos extremadamente difíciles que se avecinan, con problemas de alto impacto social agravados por la crisis, que deberán resolver quienes hoy se postulan, aunque algunos nunca asumirían.
Este vacío de contenido programático y certidumbre de ejecutores, alcanza tanto al oficialismo como a la oposición, tergiversando el mecanismo democrático y erosionando el espíritu republicano. Frente a este manto de incógnitas y sospechas acerca de las nóminas de candidatos, la ciudadanía observa tejes y manejes partidarios que podrían burlar la voluntad popular si quien está ejerciendo un período ejecutivo, por mandato de las urnas, se postula para un cargo en otro poder, que tampoco piensa asumir.
No existe ningún impedimento jurídico, si un gobernador o intendente renuncia en forma incondicional a esas funciones, vuelve al llano y como simple ciudadano vuelve a la arena proselitista en procura de alcanzar una banca de senador, diputado y concejal. Sólo quedaría en su conciencia aquel mandato que juró honrar y cumplir hasta terminar el período constitucional.
Es muy diferente pedir licencia -cortando un mandato-, hacer campaña electoral para otro poder del Estado y, de resultar electo, no asumir porque su intención es regresar al primer cargo. Pero más grave todavía si esa persona manifesta públicamente que va a renunciar después de ser electa, porque su nombre podría ser impugnado judicialmente, ya que las elecciones son hechas para ocupar cargos y no para manipulación política. Son los principios de la Ley electoral y, además, la Constitución prohibe expresamente que una persona asuma un cargo legislativo con licencia en otro ejecutivo.
Esta acción cívica distorsiona todas las reglas electorales, menoscaba la institucionalidad de la República y descalifica a la dirigencia del sistema porque engaña irrespetuosamente al electorado. Los comicios legislativos no son para plebiscitar modelos, defender gestiones de gobierno, o "enviar mensajes" a la población. Los mecanismos constitucionales definen perfectamente cada uno de los estamentos del Estado de derecho.
A poco de llegar al bicentenario de la República, esta generación de hombres públicos tiene que demostrar sus principios y valores personales y cívicos para garantizarle a la población que cumplirán el mandato constitucional con idoneidad y honestidad.
